La expulsión de González Daher de su cargo fue como un soplo de aire nuevo. Pero, la “salida decorosa” que le dieron a Oviedo Matto lo transformó en el viejo tufo a componenda e impunidad.
La derrota electoral del cartismo, pese a los antecedentes del equipo que rodea a Mario Abdo Benítez, trajo expectativas de renovación. Causa o consecuencia, los audios filtrados del Jurado de Enjuiciamiento, al fin dieron pruebas concretas de la corrupción judicial.
La reacción de la opinión pública y del sector crítico de la dirigencia política, cual furioso raudal, parecía dispuesta a arrasar con la vieja política, con aquellos que hacen del chantaje, la extorsión y la falta de escrúpulos un “modus vivendi” que corroe los cimientos de la democracia.
Sin embargo, la actitud política que se esperaba por parte del Senado se frustró. El caso Oviedo Matto viene a demostrar que el cambio deseado no será sencillo ni producto de la expresión de deseos, aunque sean muchos.
La mayoría de los senadores no entendió que este era un momento apropiado para dar el mensaje a la ciudadanía de que no se tolerarán más la prepotencia, la impunidad, la injusticia y la venta de fallos judiciales al mejor postor.
El Oviedo Matto que en la sesión del martes pretendió pasar por un manso corderito, víctima de una persecución política, es el mismo que durante su presidencia llenó de funcionarios el Congreso y al que la Secretaría de Cultura debió poner freno para que no destruya los arcos de la Casa de la Cultura, colocando oficinas para ubicar planilleros. Es el mismo que fue obligado a renunciar como presidente del Senado por el escándalo del pago de una expropiación como trueque por un acuerdo electoral con el PLRA. Es el mismo que en una reunión con candidatos a concejales de Unace en Asunción, les dijo que la plata dulce no estaba en el sueldo que recibirían sino en lo que se podía sacar de las licitaciones.
La mayor virtud de Oviedo Matto siempre fue su astucia para hacer pasar desapercibidos sus chanchullos. En el Senado y en el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados se manejó siempre como pez en el agua. Sabía hacer favores que creaban lazos de complicidad que le evitarían después tener que responder por sus acciones u omisiones.
Oviedo Matto siempre fue un avezado conocedor de mañas políticas. No tenía ningún escrúpulo en operar para echar a alguien de su cargo y luego abrazarse con él. Según se veía de su práctica, su concepción de la política era la de una actividad en la que uno se deben aprovechar de los cargos, tener claro que uno no tiene amigos sino intereses y, especialmente, estar siempre del lado del poder, no importa de qué color fuera.
Al dejarlo irse del cargo con una simple renuncia, se perdió la oportunidad de decir “No” a esta clase de prácticas que no por carecer de originalidad son menos dañinas. De cualquier manera, a la gente no se la engaña. Si no, que lo digan quienes seguro ganaban las elecciones y perdieron catastróficamente.
Los congresistas no quisieron limpiar sus miserias domésticas, por temor o por conveniencia, sin advertir que el daño que hacen los terminará perjudicando a ellos. Lo bueno de todo lo que pasa es que cada vez hay menos intocables en la política criolla y todos son conscientes de que, en algún momento, pueden verse obligados a responder por sus malas acciones.
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