Creo que el uso de estas alternativas navideñas marca en el Paraguay el nivel socio-político-cultural y económico de nuestros conciudadanos. La auténtica raza y sobre todo en el campo se cortan aún las ramas del ka’avove’i, la clase medio-pelo y los que se creen falsos defensores de la deforestación se inclinan y se agachan para comprar las “casitas” con techo de paja y los que se pegan el lujo de vivir como reyes y con sueldo mínimo optan por la xenofóbica especie del ciprés, salpicada con copos de nieve y, aunque ficticias, ayudan a paliar en algo el sofocante calor de fin de año y remontarnos hacia sitios del planeta en donde conviven con renos, osos polares y líquenes.
El tamaño de las piezas que hacen a los personajes y animales que merodean el pesebre navideño también hace gala de la incoherencia. El personaje principal, el niño Jesús, suele ser mucho más grande que sus divinos progenitores y que los animales que rondan el sitio de nacimiento. Es comparable esta discordancia entre sueldo mínimo que tiene la gente que elige y vota, representada por el niño y los torpes que no sirven para nada, salvo para cobrar sueldos enormes y vivir como animales sueltos.
El obeso Papá Noel también desde hace unos buenos años descendió desde otros lares para entregar regalos hasta a los inmerecidos. En esto sí se encuentran atinados parecidos entre el Papá Estado y los hijos de madres que no son tales. Los descendientes que tiene este papá son innumerables y van desde parientes, amigos, correligionarios y operadores políticos partidarios, secretarias vips, jueces y fiscales, los que pregonan enmienda, reformas y rekutu, los que dan títulos de tierras mau, contrabandistas y aduaneros coimeros, hurreros, consejeros improvisados y mediocres, chongas y siguen las firmas.
Los Reyes Magos ya no le joden a nadie con el incienso que solo sirve como ofrecimiento para los dioses por su penetrante y exquisito aroma. No obstante no estaría mal aceptar como componente del antimosquito dado el gran otro ataque que se avecina del dengue y dada la gran falta de higiene y conciencia que tiene este apasionado pueblo y entusiasta mugriento en tirar la basura en cualquier parte.
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La mirra que pueden traer no debe ser aceptada ya que solo sirve para untar y embalsamar el cuerpo de los fallecidos y con tentar hacerlo con algunos cuerpos que ya no están y de otros que se irán sí o sí, y sin bolsillos en sus cajones, será mejor decirle a Melchor como les decimos bolaterápicamente a los vendedores callejeros: otro día...
El oro es el metal de los reyes y por más que sobren acá coquitos, cocido, cigarrillos, empanadas, sillas, pan dulce, helicópteros, perfumes, banana, caseros, secretarias de oro y niñeras del mismo metal, será aceptado de cuajo en este corrupto Paraguay.
Y con oro guaireño pongo a consideración estos versos esperanzadores de Ortiz Guerrero que me alcanzó el abogado, músico, amigo y profesor, Filemón Espinoza:
Esperando se sabe la medida de la dicha serena y verdadera. En la impaciencia dulce de la espera aprende el hombre máximas divinas: Jamás ha de gozar de primavera quien no sabe esperar las golondrinas.
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