Otra vez, como antes

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El próximo domingo el Partido Colorado cumplirá 129 años de fundación, y como es tradicional en esa agrupación política se proyecta (para hoy) una concentración multitudinaria para tratar de ratificar el poderío popular de la misma. En realidad, el objetivo práctico de este tipo de reuniones es mostrar la capacidad de convocatoria de quienes controlan el timón partidario, como ofrenda de adhesión y apoyo al mandatario de turno.

El recurso de las grandes concentraciones políticas fue sustituido hace cierto tiempo por la eficiencia de la organización y el marketing para la obtención de resultados electorales ventajosos, basado en la tendencia de que los partidos modernos ya no requieren de afiliaciones masivas, de movilizaciones multitudinarias, locales majestuosos e infraestructuras administrativas permanentes. Menos aún partidos que persisten en mantener su identidad con el Estado.

En la población aún existen segmentos que se mueven bajo los estímulos crematísticos mezclados con factores emotivos y simbólicos que representan a los partidos –principalmente tradicionales– razones más que suficientes para juntar mucha gente en torno a la música, el pañuelo, el discurso sectario y amenazante; comida, bebida y transporte gratis.

Sin embargo, existe otro segmento de esta misma sociedad que aborrece de esta clase de relación de la cúpula partidaria con “su pueblo”, de cuya consecuencia se formaron partidos contestatarios que –paradójicamente– repiten, aunque se esfuercen por demostrar lo contrario, los mismos vicios políticos y casi todas las malas praxis a que nos tienen acostumbrados los partidos antiguos, tanto en el poder como en la oposición.

Con el tiempo, muchos ciudadanos fueron tomando nota de la forma correcta de hacer política y una de sus reacciones naturales es dar la espalda a sus propios partidos, a pesar de haberse afiliado a ellos, mientras otros optan directamente por enfrentarlos en las contiendas electorales, o permanecer indiferentes a la oferta político-electoral existente en el mercado.

No pasará mucho tiempo para que de la sociedad surjan ciudadanos y ciudadanas decididas a encarar proyectos de nuevas organizaciones políticas que busquen la adhesión ciudadana a propuestas claras de llegar al poder para implementar programas de desarrollo y no para consolidar en el mismo a clanes familiares o círculos de amigos que se enriquecen con lo que se roba de las arcas.

Las actuales organizaciones políticas están atrapadas en manos de personas que ganan la representación en una puja propia de un club de amigos, donde ocupa la cabeza el menos cuestionado y los demás esconden su pasado y presente oscuros en listas sábana para luego buscar amparo en la complicidad impune y en la elasticidad de los fueros.

El ejercicio continuo de la libertad y el desarrollo de una cultura política diferente a la del siglo pasado están colocando una fecha de vencimiento a partidos y líderes que no se actualizan. Esa fecha puede llegar incluso antes del próximo período constitucional. ¿Por qué no?

ebritez@abc.com.py