Lo mismo ocurre con la infraestructura. Desde que las municipalidades y gobernaciones reciben el Fondo Nacional de Inversión Pública y Desarrollo (Fonacide), en algunas escuelas hacen obras la Municipalidad y la Gobernación en un mismo periodo, mientras en otros lugares falta de todo. Además, el dinero se transfiere tarde, las licitaciones se demoran, las obras se hacen a las apuradas, sin el debido control del MEC, y acaban ocurriendo graves accidentes, como el desmoronamiento del techo en la escuela Augusto Roa Bastos, del Área 1 de Ciudad del Este, un día antes que comiencen las clases.
En Roa Bastos, la obra estaba a cargo de la Municipalidad esteña. Un enorme cartel dejaba en claro que se trata de la “administración Sandra Zacarías”, la intendenta. Pero en el momento en que ocurrió el derrumbe que arrojó tres obreros heridos que trabajaban sin medidas de seguridad, la Comuna intentó esquivar su responsabilidad, negando que la reparación de la viga que sostenía la estructura estuviera planificada. La directora de la escuela dijo que sí estaba prevista.
Lo que ocurrió en la escuela Roa Bastos no es más que un ejemplo de cómo se vienen haciendo las cosas referidas a la educación en nuestro país: de manera improvisada, “péichante (así nomás)”, “vaivaínte”, a las apuradas, tapando agujeros. Es como si, lejos de interesar verdaderamente la educación de nuestros niños, la intención de los gobiernos nacional y local fuera que sus obras sirvan como propaganda política.
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