La frase es contundente y muy clara, no requiere explicaciones. Hoy en día la ciudadanía exige estar enterada de todo lo que se hace con los recursos públicos y la forma en que son administrados. También requiere estar al tanto de las gestiones y formas de vida de las autoridades y saber si realiza o no las funciones para las cuales fueron elegidas.
La excusa preferida de los políticos cuando se publican sus trapisondas es que son “perseguidos políticos”. Se olvidan de que un hombre público está expuesto al escudriño constante de la ciudadanía, a través de la prensa
El artículo 26 de la Constitución Nacional garantiza la libertad de prensa y de expresión, sin censura alguna. Ni la democracia ni el Estado de Derecho pueden ser concebibles sin este valor fundamental, pilar de todas las otras libertades que enaltecen la condición humana. Lamentablemente, en pleno siglo XXI, no faltan algunas autoridades que, víctimas de su propia intolerancia, siguen buscando acallar a la prensa crítica e independiente.
Cualquier herramienta es válida para restringir la libertad de prensa, para amordazar opiniones que molestan a los oídos del poder y para disfrazar la realidad. Desde descalificaciones personales a periodistas hasta maniobras intimidatorias como demandas judiciales sin fundamento alguno, amedrentamientos y asesinatos de trabajadores de prensa.
Dieciséis asesinatos de periodistas en los últimos 23 años de “democracia” después de la dictadura de Stroessner señalan con claridad la inseguridad que representa la falta de respeto a la libertad de prensa y de expresión garantizada en la Carta Magna de nuestro país. También es una muestra de que la administración de justicia paraguaya está al servicio de quienes usan el poder político para delinquir.
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