¡Pobre Mario!

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Mario Ferreiro recibió de su antecesor la peor Asunción que heredara cualquiera de los intendentes de la época democrática. Una ciudad con problemas aumentados y agravados en proporciones geométricas desde 1991, año de la asunción de los primeros gobiernos comunales electos por el pueblo. Inconvenientes que se fueron consolidando sin pausa y con prisa debido a que los demócratas de la ocasión, desorientados –al parecer– porque ya no había dictador que combatir, decidieron que nadie de ningún gobierno, tuviera éxito. Dedicándose desde entonces a torpedear a cualquiera que amenazara con alguna idea, alguna eficiencia o peor aún, con la implementación de algún proyecto de valor. Ni uno solo, mientras que en aras de la “gobernabilidad”, se asegurasen concejales e intendentes que la Comuna se nutriera de adherentes partidarios, familiares, amigos y “favorecedores”. La excusa perfecta para olvidar cualquier intento de buen gobierno, porque ya entonces y por la sobrecarga del rubro “salarios”, no había dinero disponible para invertir en la ciudad.

Así las cosas desde Carlos Filizzola en adelante, hasta que en el 2010, se entrevió la ecuación perfecta para las esperanzas de Asunción: la presidente del Partido de Gobierno era la hermana del intendente electo; el titular del Ejecutivo Nacional también correligionario del jefe comunal y para “yapa”, de la misma línea interna. Ya no habría excusas para que la Capital de la República se desprendiera de alguna de sus viejas desgracias. Los astros ¡por fin! se habían alineado. Con un buen equipo de trabajo, se iniciaba la redención. Pero el tiempo se encargó de demostrar que la “sensación de altura” que adquieren por lo visto, algunos “elegidos por el pueblo”, desencadena una extraña alteración mental que los vuelve –así piensan ellos– infalibles. Exentos de todo error. Y es cuando desaparecen las líneas directrices que pautan los proyectos y retornan las decisiones personales; se desdibuja el equipo y lo que haya que hacer, solo depende de la voluntad del líder. Pero como la sensación de poder “sopla energías sin sentido”, las acciones del gobernante (ya no gobierno) tienen consecuencias que no se midieron correctamente. Y sobrevienen los fracasos. Y ante ellos, se comienzan a justificar errores o explicarlos con la inadmisible excusa de “males necesarios”. El fenómeno se viene repitiendo desde hace mucho tiempo y los funcionarios, singulares intérpretes de la situación por la que pasaron muchas veces, saben que para conservar el empleo, no hay proyectos que valgan sino la voluntad del “jefe”. Y se suman a la fiesta.

Pero ahora la cosa está peliaguda para Mario, pues los males adquirieron una dimensión ampliada ante las torpes acciones implementadas por la administración anterior. Apresuradamente y en plena campaña electoral, fuera de todo plan y sin los estudios necesarios para prevenir las secuelas negativas. Hoy se pretende olvidar –por ejemplo– que algunos concejales (todavía están entre los actuales) admitieron el aumento de la marginalidad y mayor número de inundados bajando la cota de localización en los bañados. Pues ahora Mario tendrá que salvar a esa gente y al bañado. Lidiar con los problemas que otros tuvieron la oportunidad de solucionar y no lo hicieron. “Más peor”, se han agudizado hasta límites insostenibles. Tendrá que aliviar al menos la angustia de los que fueron arrojados al río o a la costa, sin ninguna contemplación. Y que no tuvieron una propuesta de solución a sus males porque la mentira y la demagogia han campeado en la comunicación entre la Comuna y los llamados “bañadenses”.

Otra decisión –como muchas– que el intendente deberá tomar ineludiblemente, se refiere a Cateura, vertedero que aventaja –por lejos– al lago Ypacaraí en la carrera por ignorar la tragedia que se cierne en su entorno.

En definitiva, gobernar Asunción es deshacer simplemente los malos hábitos y vicios que han impedido hacer las cosas correctamente. Con el equipamiento y herramientas adecuadas y la exacta cantidad de funcionarios para llevarlas adelante. El intendente sabe además que tendrá que pagar caro ... no el haber triunfado en las últimas elecciones, sino por cualquier intento que realice para demostrar que sus antecesores fueron unos perfectos inútiles. Ya lo verán...

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