Encarnación, guiada por líderes positivos, suma a las posibilidades que ya le dan su magnífica costanera y el puente San Roque González, un trabajo conjunto de todas sus autoridades para estimular la presencia de miles de visitantes.
Pilar, en cambio, con autoridades que no son capaces de ponerse de acuerdo ni en las más terribles situaciones de emergencia, desaprovecha una brillante oportunidad de oxigenar su economía. Con un servicio de balsa, ruta pavimentada para llegar a destino y millones de potenciales clientes en las provincias del Chaco y Corrientes, los políticos que están en el mando de la zona siguen con su política de teléfonos cortados, que frena toda iniciativa para mejorar la deprimida economía local y regional.
La misma escena se repite en casi todos los pueblos del Ñeembucú, siendo otro ejemplo palpable el de Paso de Patria, con todas las condiciones para el turismo de playa y la pesca, pero sin interés de autoridades departamentales y locales para promoverlos.
Mientras en la otra orilla del Paraná, Paso de la Patria (Argentina) mueve millones de dólares mensuales con el turismo de playa, en Paso de Patria solo el ordeño de combustible sigue floreciente, generando riqueza para delincuentes y contaminando los valiosos cursos de agua del distrito.
La excepción es Alberdi, ciudad del norte del departamento que recibe diariamente a miles de visitantes de Formosa y otras provincias del nordeste argentino que cruzan el río atraídos por la diferencia en los precios.
Es hora de que las autoridades departamentales y locales hagan su parte, articulando alianzas con el sector privado que permitan aprovechar la potencialidad de la zona. Trabajando separados y a "cara de perro", los administradores locales y departamentales lejos están de cumplir con la misión de ser promotores del bienestar de la población departamental. Deben abandonar su ridícula actitud y dejar de ser el lastre que posterga el anhelado desarrollo del sur.
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