El mandatario y su entorno se esfuerzan por evitar que las decisiones sobre candidaturas y movidas políticas que impulsan sean vistas como lo que son la mayoría de las veces: imposiciones. Procuran revestirlas de presuntas iniciativas “del pueblo” o “de los dirigentes de base”, calculando aparentemente que la mayoría de la gente es ingenua.
La larga campaña por la reelección, aunque finalmente frustrada, tuvo algunos logros políticos importantes para el cartismo. A nivel interno, retrasó hasta el límite la decisión sobre quién será el sucesor, postergando así la desbandada de descontentos que recién en estos días se comenzó a sentir. Además, evitó el surgimiento o la consolidación de cualquier liderazgo, con lo cual concentró todo el poder de decisión sobre la futura chapa presidencial.
En contrapartida, dejó en evidencia que el candidato colorado para el 2018 será elegido por el mandatario y su entorno inmediato y por nadie más. Se repite así, con alguna variante, el escenario de 2008, cuando Nicanor Duarte Frutos impuso como candidata a Blanca Ovelar, pese a una gran resistencia interna, cuestión que en parte le costaría luego la derrota en las elecciones generales.
Algunos dirigentes colorados sostienen que esa fue una lección aprendida que no se volverá a repetir. Habrá que ver hasta que punto los dirigentes colorados tienen la voluntad de continuar con el liderazgo cartista por varios años más.
La imagen que consolida el oficialismo es que los dirigentes políticos dependen de la voluntad de HC para formar parte de las listas de aspirantes al Congreso, especialmente en el Senado, en base a la lealtad o, mejor dicho, a la obsecuencia que hayan demostrado durante este proceso.
El rumbo de la interna colorada depende en gran medida de que los dirigentes con algún peso específico real, que ven a Cartes como un peligro para el futuro del partido (y para sí mismos), se unan para disputarle el poder. Los próximos días son claves para ver las posibilidades de un frente colorado con esas características
Del lado de la oposición, todos sus referentes repiten el discurso de que la unidad es el requisito sine qua non será posible el triunfo electoral, en un escenario en el que parecen dar como un hecho que en la interna colorada se impondrá el cartismo.
No obstante, los hechos y las acciones de los dirigentes muestran que un pacto electoral entre todos los sectores de la oposición es, en este momento, muy difícil.
Posiblemente, la expectativa de cada uno de los líderes opositores con aspiraciones presidenciales sea que el escenario político se polarice y que ellos queden colocados como “El” oponente que puede derrotar al cartismo.
Lo que se echa en falta en este panorama político paraguayo es una discusión seria sobre los modelos de país que estarán en juego entre las distintas propuestas electorales. La excepción es el oficialismo, cuyo proyecto político está expuesto en lo que ha venido haciendo en estos casi cuatro años de gestión.
El resto de los dirigentes, opositores y colorados, hasta ahora eligen hablar solamente de candidaturas y de sus posibilidades de llegar al poder. Eso asusta tanto como cualquier posible riesgo de una regresión autoritaria que se agitó durante varias semanas con el único objetivo de impulsar proyectos políticos sin explicar mucho qué harían realmente de llegar al poder.
mcaceres@abc.com.py