• HOY

    26°
    MIN
    26°
    MAX
     

    cielo claro

  • Viernes 22

    23°
    MIN
    36°
    MAX
     

    cielo claro

  • Sábado 23

    26°
    MIN
    36°
    MAX
     

    cielo claro

  • Domingo 24

    28°
    MIN
    34°
    MAX
     

    lluvia ligera

  • Lunes 25

    26°
    MIN
    36°
    MAX
     

    lluvia ligera

  • Martes 26

    25°
    MIN
    32°
    MAX
     

    lluvia moderada

  • DOLAR 

    compra
    G. 5.920

    venta
    G. 6.120

  • EURO 

    compra
    G. 6.000

    venta
    G. 7.000

  • PESO 

    compra
    G. 120

    venta
    G. 180

  • PESO URUGUAYO 

    compra
    G. 100

    venta
    G. 240

  • REAL 

    compra
    G. 1.530

    venta
    G. 1.640

  • YEN 

    compra
    G. 30

    venta
    G. 55

14 de Julio de 2018

 

Qué descaro

Por Danilo Arbilla

Rafael Correa no tiene otra alternativa que huir y más que eso, atropellar hacia delante. El expresidente ecuatoriano, al que una mayoría de sus conciudadanos esperaba que se le investigara y juzgara por varios actos de corrupción que se le endilgan con mucho fundamento, o por ordenar a soldados que balearan a civiles desarmados, hoy está requerido por participar y ordenar un secuestro político en un proceso iniciado en Colombia.

Ya Correa había comenzado a descargar sus baterías contra el actual gobierno de Lenín Moreno, su delfín, por meter en la cárcel por corrupto al vicepresidente Jorge Glas, hombre de confianza del exmandatario y al que había puesto en la fórmula para controlar a Moreno. Glas tenía “negocios” pendientes para aclarar y perdió el puesto. El cálculo le salió mal a Correa.

Hoy es requerido y por supuesto llama a Moreno traidor e instrumento, por no decir títere, del imperialismo y de la derecha. Una argumento ya tan manido que aburre o provoca risa.

Correa, a los manotazos, a los que cada vez deberá recurrir más, habla de una judicialización de la política, que es lo que explica –según él– la persecución política” de que es víctima.

Lo de la politización de la Justicia y la judicialización de la política son argumentos demagógicos, hipócritas y cínicos, en casos. Pero en otros no.

Es una peste que sobrevuela por el hemisferio e incluso todo occidente y que es una de las peores formas de contaminación que van corroyendo el sistema democrático. Y así ha ocurrido, lamentablemente.

Se trata de acabar con el sistema de la separación de poderes, anulando o degenerando el poder judicial, que en casos pasa a ser una especie de arma letal de dictadores y autoritarios.

Las dictaduras militares, con su ordinariez y soberbia, ni lo disimulaban: todo lo que interesara al mando pasaba a la órbita de la justicia militar, la que dependía del mando y ejecutaba las órdenes de este. Fujimori, el dictador peruano y su escudero Vladimiro Montesinos fueron pioneros en el campo civil y unos artistas en la materia: la inmensa mayoría de los jueces eran provisorios, a los que el presidente podía destituir de un plumazo, y todas las sentencias previamente pasaban por la oficina del nombrado Montesinos, el temido SIN (Servicio de Inteligencia Nacional).

Hugo Chávez fue otro de los maestros en el manejo del Poder Judicial. Amigo de Montesinos, al que dio cobijo mientras pudo cuando era requerido por la justicia peruana, Chávez, como es comprobable fácilmente, desde la televisión anunciaba y señalaba quien debía ser procesado y preso y horas después los jueces, todos, a partir de los propios ministros de la Corte Suprema, actuaban en consecuencia.

También en países donde funciona la democracia uno de los peligros permanentes es cuando el poder político esquiva sus deberes y recurre a los jueces para dirimir conflictos que no corresponden a esa órbita; cuando utilizan a los jueces. Y otro de los peligros es el desborde de los jueces, que olvidan que su función –sagrada función– es aplicar las leyes, ni más ni menos, y se creen ingenieros sociales y en casos se trasforman en “estrellas” y casi se sienten dioses. Es una peste como se dijo. Esto de la politización o judicialización, lo que académicos norteamericanos han definido como Lawfare (guerra jurídica), es un tema que merece mucho cuidado y atención.

Lo de Correa es bien elocuente. Cuando fue presidente inicio una acción “como ciudadano” en defensa de su honor, contra un diario, El Universo de Guayaquil, y tres de sus directores y un editorialista, Emilio Palacio. Este, en un artículo lo había acusado de inventar un golpe de Estado, para en fundón de ello perseguir a sus opositores y de ordenar a soldados abrir fuego a discreción y sin previo aviso contra civiles desarmados. Y hete aquí que la justicia rápidamente condenó a los demandados a ir a la cárcel (tres años para Palacio) y pagarle al presidente 40 millones de dólares.

Fue un juicio ultrarrápido en la que los acusados no tuvieron chance de defenderse y se le negó un recurso de apelación.

La jueza actuante se negó a firmar esa sentencia que fue redactada por el abogado patrocinante de Correa, rechazo un “premio” de 750.000 dólares y debió huir del Ecuador. En su lugar la firmo un juez provisorio que había ingresado por recomendación del citado abogado del presidente.

Correa ahora habla de judicialización de la política. Qué descaro.

daf@adinet.com.uy

 
 

ABC COLOR EN FACEBOOK

 
 

COMENTARIOS

Inicie Sesión o Regístrese para comentar.

- ABC Digital no se hace responsable por los comentarios generados o publicados por lectores.
- Los usuarios que utilicen datos falsos en los registros de ABC Digital serán bloqueados.
- Se anularán las cuentas de personas que utilizan este sitio para ofender, insultar, agraviar o publicar groserías. Los comentarios considerados inapropiados serán borrados.
- Los usuarios con más de tres reportes de abuso serán dados de baja.

 

Reportar error

Reportar comentario

Enviar a un amigo