No diremos que se puso de moda, porque el plebiscito inventaron los romanos y el referéndum comenzó a tener éxito en la Francia del siglo XIX. La diferencia entre ambos -aclarando a lectores legos- es que el primero es meramente consultivo, mientras que el segundo impone su resultado. Lo novedoso es que los populismos latinoamericanos se enamoraron del referéndum al darse cuenta de que, manipulándolo hábilmente, se podían pasar la Constitución por el trasero (dicho esto con perdón del respetable).
Así nacieron y crecieron en nuestras cercanías algunas democracias plebiscitarias, con base en caudillos que, presumiendo infalibilidad electoral, creen poder lograr lo que les convenga, aun al precio de atropellar la Constitución con el tren de la consulta popular. La falacia de base es sencilla: si un gobierno puede preguntar directamente al “pueblo”, ¿qué importa ya lo que la Constitución prescriba? “El pueblo” decide todo en instancia máxima y el referéndum legitima la formalidad del acto. La misma Constitución pasa a ser norma subalterna. La pirámide de Kelsen queda truncada. Ahora la ley fundamental ya no es la Constitución sino la voz del pueblo; vox populi, suprema lex est.
Lo que regímenes populistas suelen someter a consultas populares son cuestiones importantes, las que hacen al poder real; no se lo empleará para pavadas, que para eso están la legislación y los tribunales ordinarios. Pero no siempre funciona como uno quiere; no siempre produce los resultados esperados. En Venezuela existe una larga tradición de resolver asuntos políticos por esta vía. Hugo Chávez usó esta herramienta para hacer aprobar su Constitución, en 1999, primero, y luego, en 2007, intentando convertirse en gobernante vitalicio, algo que no logró. Es que, desde la crisis del papel higiénico, las cosas cambiaron mucho en Venezuela.
Evo Morales también hizo aprobar su Constitución vía referéndum (2009). Se aprovechó de un instrumento creado por el imperialismo bonapartista para intentar convertirse en luchador vitalicio contra el imperialismo. Para convencer mejor relató, un discurso, cómo, en la antigüedad, los indígenas bolivianos ya combatieron contra el imperio inglés y contra los romanos (Cf. You Tube).
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Hace casi un año, Evo convocó a un referéndum popular para hacerse reelegir por tercera vez, pero también a él le salió mal. Es lo que pasa. Los reeleccionistas piden primero dos períodos, luego tres, cuatro y finalmente el vitaliciado, empleando siempre el mismo argumento: “completar y profundizar la revolución ya iniciada y los cambios de paradigmas sociales y económicos”. Recordemos esto, los paraguayos, cada vez que nos propongan introducir la figura de la reelección presidencial.
En nuestro caso particular, ya podemos entender la situación: si el líder populista está en la llanura, el país siempre está en el filo del despeñadero; si está en el gobierno, nos transmitirá optimismo, porque todo está mejorando, se está recuperando la soberanía perdida, la economía se sanea, la equidad social se hace realidad, el porvenir reluce con brillos diamantinos. Si algo fuese mal, será culpa de los enemigos internos y externos del pueblo, a los que, no obstante, se los derrotará indefectiblemente, más tarde o más temprano, aunque para esto “habrá que hacer y soportar sacrificios”.
Como el populista entiende que toda sociedad está dividida en buenos y malos, los buenos darán a los malos la ocasión de convertirse, al modo de las religiones, sumándose a la construcción de la “nueva era”, como hizo nuestro ministro Peña. Para el de izquierda, todo fascista, oligarca, esbirro del Imperio, será bienvenido en las huestes revolucionarias, a condición de que renuncie públicamente a Satanás, a sus pompas y a sus obras.
Hay populistas de izquierdas y de derechas, como debe ser; dicen que en la actualidad Hugo Chávez y Donald Trump son prototipos de ambos, respectivamente. Seamos optimistas; confiemos en que serán superados pronto; pero, ¿por quiénes? ¡Que el pueblo decida!
glaterza@abc.com.py