Si fuera así. Si se convoca a la movilización para lo “justo” o arbitrario, si la democracia es fogoneada por “presiones populares” o encuestas amañadas, deberíamos preguntarnos ¿para qué entonces gastar tanto dinero en el sostenimiento del Estado? ¿Por qué no dejamos simplemente que “el pueblo” –como en una piñata– pellizque del presupuesto nacional lo que necesite para solucionar sus problemas o concretar sus ambiciones? ¿Por qué solamente operadores políticos, amantes, parientes, amigos y correligionarios, beneficiarios todos del voraz tráfico de influencias que deja a los hospitales sin insumos y a la educación sin aulas?
Si las “redes sociales” o las “movilizaciones populares” marcarán nuestro destino... ¿para qué necesitamos un Estado? Con una Seam inoperante mientras nuestros bosques siguen depredándose a mansalva! ¿Por qué una Contraloría que no controla o una Fiscalía que no investiga ni imputa a nadie investigado? ¿Por qué una Secretaría de la Función Pública si el más eficaz documento para pertenecer al padrón de funcionarios del Estado sigue siendo la recomendación de un político? Y si el Presupuesto ES para que el Estado funcione ... ¿por qué el cuantioso dinero a ONGs que dicen atender problemas que el Estado se omite de solucionar?
Finalmente: el pueblo DECIDE cuando delega su voluntad en un colectivo de ciudadanos que debatieron y aprobaron una Carta Magna. Esta es de cumplimiento obligatorio y merced a ella, el pueblo decide –TAMBIÉN– con su voto el nombre de quien tenga que gobernarlo por cinco años, ni un día más. El pueblo decide, quiere y espera que el Estado Nacional solucione sus problemas o atenúe el rigor de las carencias que sufre. El pueblo quiere (porque hasta ahora y en realidad NO DECIDE NADA) que el peso de la ley caiga sobre todos los ciudadanos que quebrantan las leyes. Y si debe haber diferencias en la adjudicación de penas y castigos, que primero caiga la ley sobre los que deben dar ejemplo de probidad y decencia, pero se escudan en fueros y presiones indignas para evitar que la Justicia opere debidamente.
Puede que existan falencias en este sinuoso trecho que llevamos hacia una mejor democracia (mejor quiere decir más útil); pero todos sabemos que un Estado de Derecho contiene los mecanismos y medios para normar los procedimientos, dirimir las controversias y poner límites al poder. Lamentablemente, las ambigüedades y dudas de nuestro proyecto democrático han hecho suponer a algunos, que tales “debilidades” pueden ser resueltas por fuera de los mecanismos institucionales. Que los inventos semánticos pueden adquirir supremacía sobre el castellano claro y preciso de la Constitución Nacional. Que los ideales y el sentido del honor sean letra muerta frente a la voracidad sin límites de los que “van por todo” –como antes– porque, según ellos, “el pueblo lo pide”.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
¿Y la reelección? Que se la contemple como una posibilidad a ser revisada cuando no tengamos interesados a la vista. Que se la estudie –como necesario será la consideración de otras reformas– como un mecanismo posiblemente útil para el funcionamiento del Estado, tanto como para consolidar la acción de gobierno o de las instituciones de la República. Mientras tanto, apliquémonos a cumplir los plazos y mandatos establecidos en la Carta Magna. Solo eso.
jrubiani@click.com.py