Sobre las batas blancas

Este artículo tiene 7 años de antigüedad

Los estudiantes de medicina levantaron la voz por la falta de condiciones laborales y el maltrato que sufren los residentes. “También estamos dando nuestra vida por la vida de los demás”, dijeron entre otras frases, a fin de exigir menos rigidez y trato digno, y visibilizar los casos de suicidio y depresión. He leído muchos comentarios: personas, incluyendo médicos, que critican esta actitud y dicen que la carrera es dura por naturaleza, mientras otros defienden y apoyan el reclamo.

Ciertamente la salud mental de toda la ciudadanía es un asunto vital, por el cual ningún gobierno se ha preocupado. Los resultados están a la vista en cada vez más personas atormentadas por el dolor físico o el desvarío. En este caso estudiantes médicos justifican su lucha en pos de una de las carreras consideradas más estimadas para la humanidad, tanto respecto a la cura y paliativo de enfermedades como fuente, para los cursantes, de estatus socioeconómico.

Es justo que estos jóvenes doctores eleven sus inquietudes, es bueno escucharlos para tener mejor conocimiento de la situación. Ya que además de la empatía con ellos, el cómo están nos afecta a todos por ser un hospital público.

Optar por la carrera de medicina tiene que estar, como toda profesión, marcado por la vocación, un requisito del que poco se habla en nuestros días. Y quizás la primera presión comienza en la familia, cuando se dice: “vas a ser médico como tu abuelo y tu padre”, y luego esto va tomando cuerpo de deber u obligación. He conocido a tantos médicos automáticos, que no tuve curiosidad de saber por qué eligieron esa profesión.

Todo estudiante debe conocer la realidad de la profesión de antemano y sobre la marcha; conversar con médicos de trayectoria profesional, ética y moral, participativa a nivel gremial. No todos los profesionales comparten los mismos pensamientos y posturas, pero justamente en el contraste está la riqueza del debate, la esencia para nuevos pensamientos en pro de la salud mental de la población, en este caso de los estudiantes. Mencionaron el suicido y la depresión como resultado de la alta presión que sufren. Estas son terribles consecuencias, tal como sufrir un surmenage y tener que abandonarlo todo.

Respecto a cómo trabajan en Clínicas (con tanto sacrificio y carencias) es una de las preguntas que hago siempre a los médicos en entrevista. Hubo una respuesta que me quedó grabada, me dijo una médica: “Cuando yo fui al extranjero estaban muy sorprendidos porque, siendo residente, ya sabía hacer cosas que en ese país avanzado hacían los médicos con experiencia; consideraban algo extraordinario mi destreza y creatividad, algo que para mí era común por nuestra urgencia y necesidad permanentes”.

Las condiciones laborales dignas nunca fueron algo que preocupe a los políticos paraguayos; la salud siempre estuvo en último lugar y las enfermedades de la pobreza han aumentado. Es tiempo no solo de reclamar a las autoridades de turno que prime la justicia y el respeto sobre horarios, exámenes y descanso, sino de plantearse profundamente en qué sistema se quiere vivir. Investigar, ir más allá, ser médicos rebeldes y humanitarios. La universidad además de lo académico, tiene el deber de acompañar las luchas para frenar los abusos a nivel nacional e internacional. Muchos temas hoy día manchan las batas blancas.

lperalta@abc.com.py