Tonta y retontos

Este artículo tiene 14 años de antigüedad

El día que me hice la muy entendida en un espacio público y ante la atónita mirada de todos devoré un bodoque de manteca que parecía un bocadito de coco, mi padre me anunció una larga vida de frustraciones.


Parece que las cosas no cambiaron demasiado décadas después. Soy tan ingenua que pienso, por ejemplo, que yo nomás no me entero de que siguen combatiendo sin tregua al EPP. Mi ingenuidad me hace sospechar que ya no tienen fondos, por eso nomás ya no publicitan las recompensas por encontrar a los buscados. Aquella agresiva campaña de administraciones anteriores son solo recuerdos.

Consumo prensa tan ingenuamente que ya no me entero de grandes operativos de búsquedas (que no hicieron tampoco gran cosa, pero por lo menos impedían la libre circulación del EPP atemorizando a indefensos ciudadanos). Y mi ingenuidad es tal que pienso que no es que haya gente con brazos caídos, no los tiene levantados nomás como en otras épocas.

Estaré viviendo en un termo, por eso ya no oigo como antes de aquellos sobrevuelos, de misiones especiales, hallazgos de campamentos que –aunque nunca los encontraran– por lo menos daban la sensación de que los estaban siguiendo. Sospecho, ingenuamente, que ahora son más cuidadosos y trabajan herméticamente para que la prensa no arruine sus operativos; por eso nomás no nos enteramos.
Es tanta mi ingenuidad que no creo cuando dicen que el EPP se está agrandando, tanto que ahora aparecieron en una nueva zona para intentar otro secuestro. Y parece que no soy la única ingenua, el fiscal también es otro porque pensó que la evidencia de 30 balazos es suficiente para concluir un intento de homicidio, sin calcular que si querían matarlo, bastaban cinco balas directo al cuerpo y opa tema.

Seguro que son sensaciones mías nomás, como antes nos convencían tan sabiamente los colorados. Sensación de que nada se está haciendo. Sensación de que poco se apoya a quienes intentan enfrentarlos. Sensación de que quienes antes se jugaban están totalmente desmotivados.

Dicen que una banda de chiquilines recién reclutados por el EPP anda incendiando retiros de estancia y nadie los encuentra. Seguramente son solo un grupo joven y “divain” que se divierten ahora en zonas rurales con el paintball (un juego que dispara balas de pintura emulando los auténticos proyectiles).

Ingenuidad de antología la mía que pienso que no es que tienen acorralado al señor Luis Lindstron; él nomás prefiere encomendar su seguridad “a Dios y a la Virgen”. Y seguramente él también es ingenuo por sospechar que su topadora fue quemada por el EPP cuando en realidad la máquina seguro que ardió como consecuencia de la última superluna, la suba de pasajes y la inundación en el Chaco.

Mi consuelo es que parece que no soy la única tonta que se come bolitas de manteca como masita de confitería. A juzgar por los 37 golpes de secuestradores y 13 atentados del EPP en nueve estancias distintas, somos varios los tontos. Lo bueno es que yo me doy cuenta. Lo malo es que los otros están en el Gobierno y tienen poder.