Tortura y reelección

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Con 16 años, hija de una mujer recolectora de cartones en la calle y de un vendedor ambulante, ella se embarazó de su novio, un chico de 19 años, vendedor ambulante y estibador. La relación no funcionó y, dedicada a distribuir marmitas de almuerzo para criar a su hijo ella sola, conoció una nueva pareja, un comerciante, con quien fue a vivir. A nadie interesaría la historia si no fuera que un día, desmayado el niño de apenas un año –por no soportar las torturas a las que era sometido– debieron llevarlo al Hospital Regional.

El chiquito llegó con quemaduras de cigarrillos, uñas arrancadas, otras lesiones, infecciones, desnutrición y tan asustado que no podía ver ingresar personas a la sala. Allí apareció el papá biológico –que recién entonces lo reconoció legalmente– junto con otros familiares. Luego de 24 días internado, este viernes fue dado de alta y fue a vivir con su tía, que le dio el amor suficiente. Seguirá tratamiento médico y tendrá acompañamiento psicológico. Solo el tiempo dirá cuánto logra superar el trauma y cuáles serán las secuelas.

Es de esperarse que el Poder Judicial condene a los responsables de tan deleznable hecho, independientemente de sus nacionalidades. Ya la mamá y el padrastro están privados de su libertad e imputados. El manoseo del caso por parte de quienes buscan sacar una tajada mediática, de algún modo, debería evitarse.

Situaciones extremas como las que pasó este niño nos obligan a replantearnos como sociedad, cuáles son las condiciones de vida que enfrentan nuestros niños y sus padres. Cuánto puede garantizar realmente el Estado el respeto a derechos fundamentales del niño; un hogar, una familia, una identidad, alimentación, salud.

Lejos de este debate, responsabilidad de las instituciones públicas, allá arriba, hacia Mburuvicha Róga hay otra discusión que consideran más importante: cómo torcer la Constitución Nacional para garantizar a las autoridades de turno su continuidad en el poder, así se benefician sus bolsillos y los de sus amigos.

mariana.ladaga@abc.com.py