En Europa es frecuente leer en los periódicos que Ángela Merkel viajó de improviso a París para hablar con Macron; o que Theresa May viajó a Bruselas para tratar de sacar adelante su frágil política del Brexit; o bien que Pedro Sánchez estuvo en el Reino Unido para tratar de la situación de Gibraltar en caso de producirse la salida de Inglaterra de la Unión Europea. Y nadie se cuestiona cuántas veces ya viajaron en un mes ni a dónde se fueron, sino para qué lo hicieron y cuáles fueron los resultados.
Pues tendría que ser esta la manera de comportarnos, preguntándole a Marito Abdo Benítez, no adónde viajó, sino para qué viajó y qué resultados obtuvo. Y la gente qué le acompañó para qué lo hizo y cómo. Cuando cocinamos un buen estofado no tiene que preocuparnos cuánto cuesta el perejil ni cuánto le hemos echado. No debemos pecar de mente estrecha. Aquí más vale la exageración por lo grande que por lo pequeño.
Viendo periódicos atrasados me encontré con la muy vista fotografía de Horacio Cartes, cuando era presidente con el delincuente internacional Messer, tomados del cuello en Jerusalén. Siempre se pone de resalto que el entonces primer mandatario lo trataba al hoy buscado por la policía de todo el mundo, como “su hermano del alma”.
Todo es verdad y no es para quitarle mérito a quienes ponen de resalto este hecho lamentable por el lado que se lo mire. Pero desde que comenzó a aparecer esta fotografía nunca vi que alguien le preguntara a Cartes por qué Messer tenía que integrar la comitiva presidencial y, sobre todo, quién pagó sus gastos: pasaje, hotel, viático. No creo que lo haya hecho el gobierno de Israel, con lo que la respuesta cae de madura: el paseo de este delincuente huido de la justicia, lo hemos pagado todos los contribuyentes de este país.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
Supongamos que la visita al papa Francisco fue, antes que nada, una visita protocolar en la que, entre otras cosas, le prometió levantar un oratorio en la Costanera olvidando la laicidad de nuestro Estado. Pero lo que llama la atención es la cantidad de gente que le rodea, mucha más de la necesaria en una visita en la que no se estaba tratando ningún tema relacionado con el Estado, ni con el Pontificio ni con el nuestro. Cuatro personas eran más que suficientes: el mandatario, su esposa y dos secretarios. ¿Para qué más?
Contrariamente a lo que le gustaría a la gente, pienso que el presidente tendría que viajar constantemente, no para hacer turismo a costillas nuestras, que ya las tenemos bien golpeadas y doloridas, sino para lograr beneficios para la mayoría de los ciudadanos de a pie que somos quienes beneficiamos estas giras apoteósicas. Y al mismo tiempo abandonar esa mentalidad provinciana de que debemos vivir encerrados en lugar de abrirnos al mundo tal como nos acostumbró la dictadura para evitar que ojos extraños se enteraran de los desmanes y abusos que se cometían en nuestro país. Aunque los antiglobalizadores estén ganando terreno de manera de políticos populistas como el americano Donald Trump o la inglesa Theresa May, debemos convencernos que solo yendo hacia los demás, los demás también vendrán a nosotros.
jesus.ruiznestosa@gmail.com
