05 de Febrero de 2012
Transición insegura
Tras 23 años de la caída del Gral. Alfredo Stroessner, que gobernó el Paraguay con un régimen de hierro por más de 35 años, el país sigue sumido en conflictos por la falta de estadistas que puedan poner las cosas en su lugar; solidificar la democracia y promover el desarrollo económico, social y político.
Los sucesivos gobernantes de la transición salvo el Gral. Andrés Rodríguez, que logró la estabilidad política no pudieron superar enredos criollos y la corrupción institucionalizada, que la dictadura dejó bien cimentada.
El post stronismo tuvo un ambiente caldeado, lleno de incertidumbre, intranquilidad e inestabilidad social. La corrupción en todas sus formas se perfeccionó con el oportunismo y los avances de la tecnología, sumada a la idiosincrasia paraguaya de ocupar cargos públicos sin trabajar.
Con la apertura democrática se abrieron las puertas para las libertades públicas, el ejercicio del derecho de libre organización y asociación política en Paraguay y otros países vecinos. Pero, a nivel de Latinoamérica surgió la idea del socialismo del siglo XXI, que al parecer no tiene nada de social, en el sentido de promover al ser social y el desarrollo de la sociedad, con base en el bien común y el bienestar con participación de todos los sectores. Por el contrario, aparecieron delincuentes inescrupulosos y criminales que utilizaron medidas coercitivas, como los secuestros y extorsiones con fines económicos y políticos.
La transición tuvo sus luces y sombras, aspectos positivos por el derecho ciudadano y la libertad de prensa. Pero la extrema izquierda, con líderes fanáticos, constituye un peligro para la estabilidad social y política.
El país necesita de estadistas, que gobiernen con principios democráticos, pacificadores, que promuevan la igualdad social, garanticen el estado de derecho, la seguridad ciudadana y, en especial, de la gente honesta y trabajadora. Es una obligación de los gobernantes asegurar la transición democrática.
rmontiel@abc.com.py
Los sucesivos gobernantes de la transición salvo el Gral. Andrés Rodríguez, que logró la estabilidad política no pudieron superar enredos criollos y la corrupción institucionalizada, que la dictadura dejó bien cimentada.
El post stronismo tuvo un ambiente caldeado, lleno de incertidumbre, intranquilidad e inestabilidad social. La corrupción en todas sus formas se perfeccionó con el oportunismo y los avances de la tecnología, sumada a la idiosincrasia paraguaya de ocupar cargos públicos sin trabajar.
Con la apertura democrática se abrieron las puertas para las libertades públicas, el ejercicio del derecho de libre organización y asociación política en Paraguay y otros países vecinos. Pero, a nivel de Latinoamérica surgió la idea del socialismo del siglo XXI, que al parecer no tiene nada de social, en el sentido de promover al ser social y el desarrollo de la sociedad, con base en el bien común y el bienestar con participación de todos los sectores. Por el contrario, aparecieron delincuentes inescrupulosos y criminales que utilizaron medidas coercitivas, como los secuestros y extorsiones con fines económicos y políticos.
La transición tuvo sus luces y sombras, aspectos positivos por el derecho ciudadano y la libertad de prensa. Pero la extrema izquierda, con líderes fanáticos, constituye un peligro para la estabilidad social y política.
El país necesita de estadistas, que gobiernen con principios democráticos, pacificadores, que promuevan la igualdad social, garanticen el estado de derecho, la seguridad ciudadana y, en especial, de la gente honesta y trabajadora. Es una obligación de los gobernantes asegurar la transición democrática.
rmontiel@abc.com.py





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