Las muertes de mujeres, sobre las que se informa globalmente, parecen no ser suficientes para prevenir el horror.
Es tiempo de madurar y dejar de justificar una sociedad caóticamente vacía: sin transmitir mejores formas de vida para los jóvenes, ni hoy ni nunca las leyes penales serán suficientes para protegerlos. Mientras no se haga énfasis en las virtudes esenciales del ser humano, en la cruda realidad económica, en la educación familiar, estas noticias continuarán alimentando la tragedia y el morbo. Mujeres asesinadas, hijos huérfanos, padres, hermanos y amigos desconsolados.
Sufrimos el resultado de una sociedad de antivalores, fuertes corrientes entre los jóvenes los instruyen a animarse a todo en nombre de “su vida, su derecho, su libertad”. Uno de los jóvenes sospechados dijo a la prensa: “Algunos fines de semana nos íbamos de libertinaje con ella, pero no la conocía mucho”. Cuánto mensaje en esas palabras.
Sociedad distópica la nuestra, los dos, la víctima y el victimario, cayeron en una trampa mortal.
Espero que los analistas, los profesionales de la salud mental, también de nuestra acuciante realidad económica (porque la chica llevaba dinero a su casa, según dijo su madre) actúen y se jueguen un poco más por explicarnos qué sucedió, y no dejarlo en un caso más dentro de la bolsa de la condena y catarsis general hasta que ocurra una nueva desgracia.
El amor que él deseaba o creía no existió, consecuentemente brotó la enfermedad, la ira, el fin del camino, la falta de nutrientes esenciales. Padres y madres presten atención a sus hijos y por qué no a otros jóvenes, no todo es techo, comida y darles gustos, también y principalmente diálogo; sean ejemplo de vida no perfecta pero bella y sana. No a todos los jóvenes “ya se les pasará el capricho, el enamoramiento”, quién sabe qué puede anidar –tras un rechazo– en un corazón hambriento, en una mente quebrantada.
Finalmente, por más “imposible” que se juzgue la relación entre víctima y victimario, solo ellos sabrán sobre qué se cimentó la cercanía que tenían.
Dar sentido a la vida y al amor, uno alimentando al otro, a esta prevención nos debemos todos.
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