Una disputa con actores secundarios

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En las elecciones generales de 2018 es posible que los candidatos a Presidente, especialmente en el oficialismo, sean una excusa o casi actores secundarios, de quienes realmente entrarán a disputar el poder para los próximos años en nuestro país.

Por lo que parece, se ofertarán para entonces candidaturas cuyas apariciones poco tienen que ver con alguna clase de liderazgo natural, sino que más bien son producto de decisiones ajenas al elegido o de circunstancias casuales que los colocaron en el escenario.

En el partido oficialista es más que evidente que Santiago Peña solo será candidato por decisión del actual presidente Horacio Cartes, cuya intención es utilizar la figura del ministro de Hacienda para proyectar al electorado una imagen de juventud, renovación, novedad y continuidad de una política que se presenta como eficiente y exitosa. Peña es presentado casi como una antítesis del vetusto Partido Colorado.

Con este candidato, se asegurarían su lugar en la lista para el Senado algunos de los más leales al Presidente, como los legisladores Lilian Samaniego, Juan Darío Monges, Óscar González Daher, Gustavo Alfonso, entre otros, acompañados de personas más cercanas al Presidente y no tan ligadas al ámbito político partidario.

Peña, pese a ser supuestamente la principal figura de este proyecto, no tendrá incidencia para sugerir algún candidato de estas listas, dado que carece de independencia y poder político real.

En la disidencia colorada, la candidatura de Mario Abdo Benítez es producto de las ínfulas absolutistas de Cartes que obligaron al senador a elegir entre humillarse o instalarse como la figura que podía capitalizar en la interna el descontento de quienes fueron en algún momento expulsados o que nunca tuvieron condiciones para ser parte del entorno presidencial.

Abdo Benítez se benefició con el respaldo de quienes veían (y ven) al Presidente como un intruso en el Partido Colorado, que quiere fundar un nuevo esquema en el que la mayoría de ellos no tendrá cabida, a menos que acepten sus reglas.

Detrás del candidato disidente tienen previsto quedarse en el Senado la mayoría de las figuras que lo acompañan ahora en su equipo: Juan Carlos Galaverna, Silvio Ovelar, Óscar Salomón, Enrique Bacchetta, Blanca Ovelar, Arnoldo Wiens, encabezados todos ellos por el actual vicepresidente de la República y neoanticartista Juan Afara.

En el arco opositor, el único candidato presidencial que asoma hasta ahora es el presidente del PLRA, Efraín Alegre, sobre cuya proyección política más allá de los límites partidarios muchos descreen. Alegre cifra sus esperanzas en ser, por alguna circunstancia, la única alternativa posible para enfrentar al candidato colorado que surja.

Si él termina siendo el candidato liberal, pretenden entrar en las listas varias figuras partidarias, algunas tradicionales y otras que significarían una cierta renovación.

Las otras posibilidades que se barajan en sectores independientes de la oposición rayan la fantasía y tienen que ver con la aparición de una figura no identificada con el PLRA, que aglutine a todos los sectores que ven como algo negativo la continuidad del sistema colorado. 

El panorama lleva a pensar que algunos de los que planean mover los hilos en el futuro escenario político estarán convenientemente colocados en el Congreso.

Sin embargo, la experiencia no tan lejana dice que los acuerdos y lealtades en ese ámbito son siempre volátiles. 

Además, aquellos a quienes se coloca como presuntas marionetas pueden terminar dando sorpresas dado que, hasta el más insignificante personaje, al tomar conciencia de que tiene poder, puede querer tomar sus propias decisiones.

mcaceres@abc.com.py