Todo esto, y más, se podrá disfrutar de la 12° edición de la Libroferia Encarnación, que se instala en la Plaza de Armas, desde el martes 6, al domingo 11.
Este evento, que nació casi tímidamente hace 12 años, con cierto temor y en medio de bromas sobre la “quijotada” que implica organizar una feria de libros, en un país donde la inmensa mayoría de la gente no lee ni su horóscopo, en poco más de una década se convirtió en un verdadero referente de la cultura y el arte a nivel nacional.
Esta libroferia se convirtió en una cita obligada en la agenda de estudiantes, docentes, artistas que vienen de diferentes puntos del país y de algunos países vecinos, de escritores, que vienen a compartir sus experiencias y sus sueños, y a entregar generosamente lo poco o lo mucho que saben, hermanados por un denominador común: el libro.
Una frase que leí por ahí decía: “antes que andar metiendo las narices en cosas ajenas, mejor meter las narices en un libro”. Y la recomendación no puede ser más sabia y oportuna. Cuántos inconvenientes nos ahorraríamos si cultiváramos hábitos constructivos como la lectura.
Una persona que se cultiva, un pueblo culto e instruido está más cerca de la libertad que de la dominación.
Leer alimenta la imaginación, amplía el vocabulario, posibilita tener temas de conversación.
Un pueblo que lee es un pueblo que piensa. Un pueblo que piensa, y actúa, tiene mejores herramientas para construir un futuro mejor, y defenderse de las trampas de los mentirosos, de los falsos profetas, de los políticos demagogos, autoritarios y tramposos.
Un individuo o un pueblo inculto está condenado a ser esclavo. De su propia ignorancia, y de las mil y una formas de esclavitud moderna mimetizadas en tanta oferta de tecnología de comunicación que no comunica.
En medio de tanta parafernalia ruidosa y alienante, leer puede ser la vía de escape y el camino a la paz interior, que cada día nos parece más ajena, en un mundo donde el consumo no nos da tiempo para lo importante, el crecimiento de la persona humana.
Éste es el mérito indiscutible de quienes están detrás de esta “quijotada” para zambullirnos en un mar de papel, en oleadas de música, en un espacio que por una semana se convierte en una “isla rodeada de tierra” –por parafrasear a un escritor compatriota– que reboza de creatividad, de conocimiento, de alegría y buena onda.
La Libroferia es, sin dudas, un invalorable aporte a la cultura y la formación de todos, sin distinción de edad ni actividad ni nivel académico, pues abre un mundo a menudo “sacralizado” y sobre el cual existe el mito de que solamente es un espacio donde caben los “ilustrados” y “sabiondos”.
Pone al alcance de todos la posibilidad de conocer, y participar en el proceso de construcción del propio saber.
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