Una manipulación barata

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El diario madrileño “El Mundo” incluyó en su edición del domingo pasado la fotografía del presidente Federico Franco. Fue cuando denunciaba a los sindicalistas del Ministerio de Hacienda.

Dijo el Presidente: “Un oficial de policía, un maestro, un médico y un oficial de las FF.AA. reciben 12 salarios, más 1 aguinaldo como dice la ley. Pero existen funcionarios del Ministerio de Hacienda que, no contentos con esto, reciben 17 salarios y ahora presionan por tener 19. Nos vimos obligados con el ministro de Hacienda a presentar una denuncia pública, responsable, porque en mi gobierno esa plata que va a un grupo de funcionarios me parece una gran injusticia”.

Se trata de una denuncia fuerte que admite con naturalidad los gestos enérgicos. No se puede, me parece, acercar a la opinión pública una noticia de tales características con ademanes propios de una plegaria; con una pose jesucristiana. El mandatario no estaba rezando el Padrenuestro. En todas las imágenes conocidas aparece Jesús, el mismo Dios del amor, blandiendo un látigo –o lo que fuese- con modales de furia expulsando del templo a los mercaderes.

Toda expresión oral –lo saben los actores y los políticos- tiene su correspondiente expresión gestual.

“El Mundo” -el segundo diario de España, lejos del primero, “El País”- es el vocero oficioso del Partido Popular, en el Gobierno, que también nos marginó por culpa de este enredo originado en la destitución de Lugo. El Gobierno español tiene el derecho de hacerlo, pero no que su vocero periodístico llegue al colmo de presentar una fotografía, de las muchas que se habrán sacado, para decir: “Franco aparece en la imagen levantando su mano derecha peligrosamente cerca de un saludo nazi, con gesto adusto, en el marco de su despacho del Palacio de López”.

Hacer “hablar” a las fotografías es un hecho común en las páginas de humor. Las “fotos parlantes” son un recurso legítimo de la prensa, plenamente aceptadas por los lectores que celebran el ingenio de sus autores. Pero ningún suplemento de humor –como el que cada domingo publica este diario- intenta hacerlas pasar como noticias. Ni los lectores las tomarían como tales.

Es muy distinto el caso de “El Mundo” al afirmar que la mano alzada del presidente Franco está “peligrosamente cerca de un saludo nazi, con gesto adusto…”.

Algo parecido había sucedido con el expresidente Lugo. Alguien de su entorno le tomó una fotografía mientras gustaba de unos bocaditos en un jacuzzi de Mburuvicha Róga. Esta escena, que también recorrió el mundo, se presentó como la prueba irrebatible de la gran vida que se daba el mandatario, de espaldas a las necesidades del pueblo. Este disparate es exactamente igual al ofrecido por “El Mundo” con la fotografía del presidente Franco.

Cualquier gesto fotográfico se presta a ingeniosas, groseras o manipuladas interpretaciones. Está claro que el brazo derecho en alto no habrá sido la única pose del presidente Franco en el transcurso de su crítica a los sindicalistas. Habrá levantado también el izquierdo. Pero el diario “El Mundo” la difundió como noticia “peligrosamente cerca de un saludo nazi, con gesto adusto…”. Este gesto captado por la cámara en un segundo, el diario madrileño lo presentó como el testimonio incuestionable de la ideología nazi del presidente de la República del Paraguay, a igual -reitero- de la que hicimos de la fotografía de Lugo en el jacuzzi como la evidencia acabada de refinamiento y derroche.

Nuestra estupidez es un poco más pasable por ser nuestra, pero que nos venga de España ya es demasiado.

alcibiades@abc.com.py