Tema que se compagina con el Evangelio de hoy, pues una de las cosas más estimadas por el ser humano es la concordia y, al menos de palabras, todos nos gloriamos de trabajar por este valor, sea en la familia, sea en la sociedad.
El verdadero autor de la unión es Jesucristo y su vida es un ejemplo de donación para que la vivamos. Él también rezó, pidiendo a Dios que nos guarde en su nombre, para que seamos uno, como Él y el Padre (Jn 17) y, además, quiere formar un solo rebaño con un solo pastor.
Por ello, el Evangelio resulta paradojal, cuando hace la pregunta: “¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz en la tierra? No, les digo que he venido a traer la división”.
¿Qué clase de división Jesucristo vino a traer?
Recordemos, en primer lugar, que en su Presentación en el templo, Simeón profetizó que este niño sería causa de contradicción, para revelar la intención que cada uno tiene en su corazón.
Resulta que Jesucristo ofrece un proyecto de vida lleno de nobleza y de valores auténticos y cada uno debe tomar partido delante de este proyecto: ponerse a favor o en contra.
Seguramente, la indiferencia es estar en contra.
Ahí entra la libertad de cada ser humano, ya que el Señor no fuerza a nadie, pero da muchas condiciones para que cada cual opte por el bien y por la vida. Él desea ardientemente que aceptemos su propuesta, ya que esta construye la verdadera felicidad y legítima paz, pero hay que vencer la indiferencia.
La división nace cuando en una familia de cinco personas dos lo aceptan y tres lo rechazan. Y la conclusión a que llegamos es que realmente no es Cristo el autor de la división, pero sí aquellos que son egoístas, están cegados por la codicia y combaten a quienes quieren el compartir y la justicia. Cuando uno no sabe comportarse como hermano del otro, sino para defender sus intereses mezquinos, actúa como un lobo para su semejante.
El Señor vino a traer la división entre el mal y el bien y nosotros somos capaces de vencer al mal que se anida en nuestro corazón y daña la convivencia en sociedad. Su fuerza poderosa la encontramos en los siete Sacramentos, pues estos son actos del mismo Jesucristo.
Paz y bien.