Ver su estrella

Este artículo tiene 6 años de antigüedad

Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía del Señor, es decir, la manifestación y revelación del Niño Jesús al mundo.

Más precisamente, el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios está compuesto por el anuncio del arcángel a María (25 de marzo); el nacimiento de Jesús (25 de diciembre) y esta manifestación a todas las criaturas.

Los tres Reyes Magos cuando llegaron a Jerusalén afirmaron: “Vimos su estrella en Oriente y venimos a adorarlo”.

La “estrella” realmente habrá sido un elemento astronómico, que los orientó hacia el pesebre. Sin embargo, tenemos que notar que ellos estaban con las antenas prendidas y supieron interpretar la mano de Dios en el significado de la estrella.

Es más, no tergiversaron delante de la invitación, no se hicieron los ñembotavy, pero se pusieron a camino y también alinearon los medios para llegar.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

En nuestra vida, el Señor, lleno de ternura y sabiduría, pone muchas “estrellas” que nos motivan a encontrar a Jesucristo. El problema es cuando exigimos que estas “estrellas”, que son signos de Dios, sirvan para realizar nuestros propósitos personales aquí, ahora y cómo los queremos.

A veces, la “estrella” que el Señor pone en nuestro sendero es un lindo trabajo, una aprobación en un examen de ingreso o la reconciliación en una situación conflictiva: ¡magnífico!

Sin embargo, otras veces, la “estrella” será una enfermedad que no estaba en nuestros planes y altera nuestros proyectos. En esta situación el ser humano suele preguntarse, desconsolado o rabiado: “¿Por qué a mí pasa esto? ¿A mí, que al fin y al cabo, no hago nada de malo? Mire, fulano y fulanita..., que son tan aprovechadores, ¡y todo les sale bien!”

Sin embargo, lo más indicado es preguntarse “para qué”, pues, si el Señor permite esto, es para que nos demos cuenta de que algo importante debe cambiar en nuestra vida: yo debo cambiar, y no estar tan pendiente de que los otros cambien.

Este signo doloroso de Dios puede ser la infidelidad matrimonial, la rebeldía de un hijo, la tirantez con familiares políticos y tantas otras situaciones apretadas: hay que buscar el “para qué”.

Y, una vez que hayamos visto “su estrella” es necesario ir a adorarlo, ponerse de rodillas delante del Niño Jesús y ofrecer nuestro regalo, que debe ser principalmente un corazón humilde, que respeta a los demás y se esfuerza por el bien de la sociedad.

Asimismo, ofrecer el regalo de una voluntad honesta, que no se calla delante de la corrupción de algún manguruju trasnochado, que macanea alrededor nuestro.

Paz y bien.

hnojoemar@gmail.com