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18 de Junio de 2018

 

Vida y potencial humanos

Por Jesús Montero Tirado

Las ciencias y las tecnologías vienen descubriendo y posibilitando el desarrollo de las potencialidades de las mujeres y los hombres. Son muchas y más poderosas que las que tenemos y de las que imaginamos.

Podemos, por ejemplo, ver un objeto, según su tamaño, hasta cierta distancia, pero la ciencia y la tecnología con el telescopio nos posibilitan ver las galaxias y sus estrellas. Y con el “GPS” podemos hasta, orientarnos dónde estamos y por dónde podemos ir para llegar a nuestro destino. 

Podemos engendrar la vida humana con la colaboración del hombre y la mujer; al unirse dos células en la entraña de la mujer, ella gesta el desarrollo de la vida propia de las dos células humanas que son hijo o hija, la nueva criatura; pero la ciencia y la tecnología han logrado “clonar” una nueva oveja o un mono a partir de una sola célula, tomada del cuerpo de una oveja o un mono vivos respectivamente. 

Durante siglos se creyó que el hombre y la mujer tienen una sola inteligencia, hasta que Howard Gardner con sus investigaciones propuso la “Teoría de las inteligencias múltiples” y después Daniel Goleman nos describió cómo es la “inteligencia emocional” y la “inteligencia social”, y otros han empezado a proponer otras clases de inteligencia. 

Y así podríamos seguir citando cómo el ser humano ha llegado a volar a velocidades supersónicas, dándonos y desarrollando, mediante las ciencias y las tecnologías, potencialidades superiores a las que tenemos e incluso hemos imaginado. 

Grandes científicos de la antropología y la paleontología lo han tenido claro: los humanos somos seres que seguimos estando en evolución y estamos todavía en los albores de la humanidad, por eso Teilhard de Chardin, por ejemplo, escribió claramente de este proceso evolutivo reconociendo que estamos en la antropogénesis (ver su libro El Fenómeno Humano). En las ciencias y las tecnologías, como en la vida cotidiana hay quienes trabajan con pasión en defensa de la vida humana para que cada día seamos hombres y mujeres mejores y superiores a lo ya conseguido. Están en la lucha por la vida y la civilización del amor. 

Lamentablemente, también en las ciencias y tecnologías y en la vida cotidiana hay hombres y mujeres que trabajan en y por la civilización de la muerte. Producir bombas atómicas, bombas de hidrógeno, bombas químicas, guardarlas en arsenales para usarlas contra presuntos o reales enemigos coyunturales es poner los conocimientos científicos al servicio del destruir y matar. Invertir billones de dólares en producción de armas mortíferas, en vez de invertir para eliminar pobreza y hambre es optar por los recursos de la civilización de la muerte. 

Producir, vender drogas, seducir con ellas a jóvenes, adolescentes y niños, es sumarse al uso de las ciencias y las tecnologías para destruir los cerebros y sistemas nerviosos, la vida de las personas vulnerables, las más necesitadas y valiosas para generar en ellas el desarrollo espectacular de la vida y las potencialidades humanas. 

Envolver el aborto con eufemismos verbales, llamarle interrupción del embarazo a lo que es eliminación del feto, o sea, destrucción, del hijo o hija, matar a un ser humano en desarrollo; decir que el feto es “parte del cuerpo de la madre”, en vez de decir que “está en el cuerpo de la madre”, son expresiones intencionalmente equívocas con las que se pretende encubrir un hecho real: el aborto provocado es acabar con la vida del hijo o hija concebidos en el útero materno. 

No podemos ni debemos ser ingenuos. La facilitación del aborto, su promoción, no es solo acción de quienes quieren el placer de las relaciones sexuales sin otras consecuencias biológicas, sin ningún otro compromiso y responsabilidad; detrás hay también todo un negociado de jugosos beneficios en la venta y compra de los fetos abortados, altamente demandados para la investigación. No se trata de producir y vender ratones de laboratorio; se trata de matar vida humana para el comercio con las grandes instituciones de investigadores especializados. 

Es paradójico, mientras se avanza defendiendo derechos de animales, retrocedemos despreciando la vida y derechos de seres humanos indefensos. No se justifica la civilización de la muerte con el comodín vacío de la palabra modernismo.

jmonterotirado@gmail.com

 
 

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