¿Y ahora qué hacemos?

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Esa es la pregunta, por varios factores, ya que la única certeza es que nuevamente estamos virtualmente eliminados de la próxima Copa del mundo, más allá de la aparición de la maldita calculadora y sus cínicas “posibilidades matemáticas“, que solo servirán para prolongar la agonía en medio de una ilusión tan sólida como una burbuja, de la que varios se aferraron en el vía crucis clasificatorio para Brasil 2014.

Increíblemente la hora más crítica de la Albirroja, nos lleva al mismo lugar, frente al mismo rival, con el mismo resultado y con el mismo protagonista que en la gran frustración anterior, aquel 3 a 1 en La Paz frente a Bolivia de 2012 y con Arce como DT, empezó a alejarnos de Brasil, quizá este 1 a 0 del martes nos haya distanciado por completo de Rusia.

Justo Arce, que encontró la revancha tras la malograda y desprolija negociación con el colombiano Rueda, superó sus números deficitarios al sumar la cuarta derrota en seis partidos, a diferencia de aquellas tres en cinco juegos del camino a Brasil.

El propio Arce anunció que sigue con fuerzas a pesar de los números rojos y desde la dirigencia no hay señales de cambios, en una clara muestra del temor a cambiar, sin saber que lo próximo puede aún ser peor que esta oscura realidad.

¿Cuánta culpa tiene Arce? bastante, empezando por la evidente inacción para cambiar en pleno partido el mal andar de su equipo, con llamativas demoras y dudosas elecciones, reforzando la teoría de su soledad en un poblado cuerpo técnico que solo se limita a asentir con la cabeza cualquier decisión de Francisco, sea acertada o errónea.

Por una cuestión de carisma y don de persona, una gran carrera como futbolista y haber sido campeón como DT en Cerro y Olimpia, Arce supo agrupar incondicionales que pretenden eximirlo de toda responsabilidad, apuntando a sus antecesores, la dirigencia, sus jugadores y hasta a un sector de la prensa “oportunista” que se atreve a señalar sus erróneas lecturas de partidos.

Si aquella vez la culpa fue de Martino, por “no dejar nada“, tras un ciclo en el que llegamos a Cuartos de un mundial y una final de Copa América, esta vez, la falta de jugadores de jerarquía justifica los malos resultados de este segundo ciclo, como si Perú tuviera varios jugadores en el Real Madrid o Bolivia en la Premier League, en una canción con claro sonido a excusa.

Está claro que Arce no tiene la culpa del contragolpe en La Paz que debía terminar en gol nuestro y terminó en gol de Bolivia, o del mal pase de Moreira contra Perú, la salida de Barreto contra Colombia o las desgracias de Pablo Aguilar en Montevideo, como que el planteo ante Argentina fue bien logrado para la única alegría grande en esta temporada.

Por eso cabe el interrogante ¿y ahora qué hacemos? los números de Arce son peores que los de Ramón Díaz, y futbolísticamente, salvo en Córdoba, el nivel fue de discreto para abajo, jugadores como Almirón, los Romero, Gómez y otros deberían ser mejor explotados, Iturbe demostró que puede en un equipo que se acostumbró a perder, y ojalá la dirigencia no permanezca indiferente a esto, a pesar del miedo a que el remedio sea peor que la enfermedad, como nos pasó hace cuatro años con la elección de Pelusso.

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