11 de Noviembre de 2011
Brasil pidió a los Estados Unidos que no satanice la triple frontera
El ministro y jefe del gabinete de Seguridad institucional de la Presidencia de la República brasileña, Gral. Alberto Mendes Cardoso, comunicó al Departamento de Estado y a la CIA que Brasil no tenía intenciones de comparecer ante un seminario sobre terrorismo que se iba a realizar en Asunción. El alto militar se reunió con el embajador Francis Taylor, del Departamento de Estado, y con funcionarios de la CIA y les resaltó la necesidad de no "satanizar" la región de la triple frontera, acusándola sin indicios de ser un área de terrorismo.
Entre los documentos liberados por Itamaraty al diario Folha de São Paulo figura que el alto jefe militar dijo a los estadounidenses que "no se debería perder tiempo con encuentros académicos sesgados, siendo mucho más importante estrechar la cooperación operacional, destacando ahí el tema del lavado de dinero y la conveniencia de adoptar esquemas que permitan rastrear las pistas finales de las divisas que salen de la triple frontera".
Itamaraty, según el cable, consideró en ese momento que por el formato previsto para el seminario y el nivel de participación norteamericana, "no cabía la presencia en ese evento de un representante brasileño a nivel ministerial y que era importante que ese seminario mantenga un carácter de intercambio de ideas y de puntos de vista, y que no se propongan adoptar "decisiones" sobre los temas en consideración".
El General Cardoso comunicó todo esto al ministro João Solano Carneiro da Cunha quien recordó al militar brasileño que se preparaban para una reunión Antidrogas Brasil-Paraguay, donde el tema del lavado de dinero en zonas fronterizas iba a ser el tema destacado.
"CD piratas"
En abril de 1999, la Embajada brasileña en Paraguay reportó también informaciones que recibieron acerca de "una enorme fábrica de cd pirata en el Ciudad del Este (sic)".
Según el informe, la fábrica hacía videogames de Playstation y discos compactos de música brasileña. Según los datos que alguien innominado pasó a la Embajada, la tal fábrica era de un chino con buenas relaciones a nivel de autoridades locales, y producía el 80% de los productos piratas vendidos desde Ciudad del Este.
La nota mencionaba al menos otros cuatro negocios que supuestamente estaban "protegidos por autoridades locales corruptas que sobornaban a fiscales y jueces".






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