TOKIO (Enviado especial).Cartes llegó hasta la sala de audiencias del Palacio Imperial a bordo de una imponente limusina Royal, fabricada especialmente para el emperador por la firma Toyota.
El propio Akihito recibió al Presidente de Paraguay y lo invitó a ingresar al edificio. El encuentro se realizó de acuerdo a las estrictas normas de protocolo y se extendió por 30 minutos.
No hubo declaraciones a la prensa y solo ingresaron a la sala de audiencias del Emperador los reporteros gráficos y camarógrafos de la prensa oficial japonesa y paraguaya. Al concluir la audiencia se repitió el mismo protocolo. Su Alteza acompañó al Mandatario paraguayo hasta la puerta donde recibió las salutaciones de despedida.
Según trascendió, Cartes agradeció al Emperador del Japón el trabajo tesonero y desarrollo económico de las colonias japonesas en Paraguay, como La Colmena (departamento de Paraguarí) e Yguazú (departamento de Alto Paraná), entre otras.
Asimismo, el Mandatario puso de relieve las buenas relaciones de amistad con el Japón, que abarcan desde 1919 cuando se establecieron las relaciones diplomáticas y luego acrecentadas desde 1936, con la llegada de los primeros inmigrantes a nuestro país.
En el 2016 se celebrarán 80 años de la venida de los primeros colonos nipones a Paraguay, destacó el presidente durante la audiencia con el emperador Akihito. Según datos oficiales, actualmente viven en Paraguay 5.800 japoneses, de los cuales 3.684 son de nacionalidad japonesa; 3.418 son inmigrantes y 266 residentes temporarios.
Los inmigrantes y descendientes japoneses han contribuido enormemente a la sociedad paraguaya, centrando al sector de la agricultura.
Pésames
El presidente Cartes, según trascendió, también dio sus sentidos pésames al emperador Akihito por el reciente fallecimiento del príncipe Katsura, primo de Su Majestad del Japón, quien murió a inicios de este mes a los 66 años poco después de ser internado en un hospital de Tokio. La Constitución del Japón atribuye la soberanía, que anteriormente recaía en el Emperador, al pueblo japonés, quedando Su Majestad como símbolo del Estado nipón.
