Según los datos, el poblador de la colonia San Agustín (ubicada en el límite entre los departamentos de Caazapá y Guairá) alertó al titular de la comisaría, el suboficial Osvaldo Portillo, sobre la existencia de un sótano bajo el calabozo y que en ese lugar eran torturados los detenidos de la época de la dictadura.
Los uniformados, con esos datos, revisaron el lugar y encontraron la dependencia subterránea bajo el piso del calabozo e inmediatamente dieron aviso a la fiscalía de San Juan Nepomuceno, a cargo de Víctor Vera Ovelar, y al jefe de Policía de Caazapá, comisario principal Hilario Lesme.
El poblador relató que el local de la comisaría fue construido en la década de los años 70 y que Antonio Legal, padre del delegado de gobierno de entonces de Guairá y Caazapá, Virgilio Ramón Legal, ordenó la construcción del sótano. En aquella época, según los datos, San Agustín era conocido como el destino de los presos políticos de donde desaparecían.
Viveros comentó que por activar con la Iglesia Católica, los alcaldes los trataban de comunistas y era frecuente el apresamiento. En aquella época se enteró de la existencia del sótano, pero aclaró que nunca estuvo allí.
Durante la dictadura uno de los temidos gendarmes de los departamentos de Guairá y Caazapá era Salustiano Giménez, más conocido como Giménez’i, un hombre odiado por sus procedimientos sanguinarios contra los opositores al régimen.
