El fiscal adjunto de Delitos Económicos, Federico Derlis Espinoza, sostuvo que está “en análisis” la denuncia por corrupción contra el fiscal general del Estado Francisco Javier Díaz Verón. Todo apunta que el caso será otro de los tantos que quedan archivados en los cajones del Ministerio Público.
La Coordinadora de Abogados del Paraguay (Coapy), denunció a Díaz Verón por supuesto enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, al conocerse que ubicó en la fiscalía a una veintena de privilegiados sin concurso previo, que incluye parientes, amigos, vecinos, exdomésticas y otros.
Según Espinoza (quien por cierto, también es primo de Díaz Verón), “se están analizando los méritos de la denuncia para ver si se abre la investigación”. Consultado sobre lo que implica investigar al jefe, refirió; “es como cualquier otra denuncia, tiene el mismo tratamiento”.
Hasta ahora se conocieron 24 personas vinculadas a Díaz Verón, privilegiadas con cargos en la fiscalía. Primas, sobrinos, de su esposa María Selva Morínigo consiguieron un sueldo en la institución durante su administración.
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Excriadas, exniñeras de su hija menor, vecinos, amigas y compañera de la hija de Díaz Verón, Yerutí Díaz, así también amigos de su hijo Alejandro Díaz consiguieron trabajo en la fiscalía en los últimos cuatro años.
Díaz Verón ubicó en fiscalía hasta locutores de radio Yerutí FM de Caazapá, propiedad de su familia. Parientes de su ciudad de origen, también se privilegiaron con cargos.
El ejército de privilegiados salió a la luz, luego de conocerse que la esposa de Díaz Verón tiene una estancia de 8.000 hectáreas en Mariscal Estigarribia, Chaco. La mujer constituyó sociedad de G. 5.000 millones cuando estaba en la función pública y hoy día es accionista de una fábrica.
Así también, en cuatro años, Díaz Verón reportó un lote de animales de raza por unos G. 1.000 millones, acciones en sociedades anónimas, etc.
Nueva casa, al lado de antigua
Además de los millonarios bienes y la vida de lujos, la familia del fiscal general está a punto de estrenar una nueva residencia.
La casa, que se encuentra pegada a la residencia familiar –que figura a nombre de su esposa María Selva Morínigo–, está en etapa de refacción.
Los guardias de la familia habitan la vivienda de dos plantas que está siendo reformada como parte del nuevo complejo residencial.
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