Personas cercanas al presidente Fernando Lugo impulsan la confrontación con colonos de origen brasileño, sin importar que sus hijos sean ciudadanos paraguayos de nacimiento. Victoriano López, de profesión sintierra, a pesar de ser propietario, fue calificado como un "verdadero patriota". El único mérito de Victoriano es haber ejercido la violencia en Ñacunday, Alto Paraná.
Victoriano López lideró la invasión de propiedades privadas en Ñacunday y amenazó con extender la "recuperación de tierras" a otras zonas del departamento.
Victoriano López se presentó ante la opinión pública como un dirigente sintierra. Al final, resultó que es propietario de una serie de balnearios.
Según datos oficiales del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), el dirigente sintierra fue beneficiado con una fracción de siete hectáreas en el distrito de Domingo Martínez de Irala. Recibió esta fracción en el lote 14, manzana A, de la colonia Tabucai.
Beneficiario de la reforma agraria y propietario de una serie de balnearios, Victoriano López reclama una porción de tierra. No pretende cualquier fracción: exige tierra mecanizada.
José "Pakova" Ledesma calificó a Victoriano López como "un verdadero patriota" porque encabeza una lucha que tiene como objetivo destruir el modelo productivo de las colonias de origen brasileño.
Según declaraciones realizadas al diario Última Hora, publicadas en su edición del domingo, José Pakova considera un acto de patriotismo iniciar una confrontación con descendientes de colonos brasileños.
Marcha hacia el Este
El Estado paraguayo, en el año 1883, inició la venta de tierras públicas en procura de lograr fondos para enfrentar la destrucción causada por la Guerra de la Triple Alianza.
La medida, impulsada bajo el gobierno del Gral. Bernardino Caballero, resultó un completo fracaso: las tierras vendidas quedaron en manos de empresas latifundistas, con objetivos especulativos antes que de inversión económica.
Pero las tierras ya fueron vendidas, tenían dueño y la decisión fue tomada por el Estado paraguayo.
En 1960, el dictador Alfredo Stroessner inició la "Marcha hacia el este". El Alto Paraná, Canindeyú y Amambay fueron abiertos a la colonización extranjera, sobre todo brasileña.
Atraídos por el bajo costo de la tierra, inmensas legiones de colonos llegaron a nuestro territorio, invitados por el gobierno de turno, bajo amparo del Estado paraguayo.
Miles de colonos llegaron con aquello que tenían puesto, otros miles vendieron todo lo que tenían en Brasil y adoptaron una nueva patria, y no faltaron miles más que fueron estafados con la adquisición de tierras vendidas cuatro o cinco veces.
Los colonos no tuvieron concesiones, llegaron en sitios carentes por completo de infraestructura, sin salud ni educación garantizadas, en medio del abandono del Estado que los invitó a llegar al país.
Lograron salir adelante e impulsar la agricultura mecanizada, generando beneficios económicos para sus familias y el Paraguay.
Ahora surge el grito de "recuperar tierras", y nada menos que el Palacio de López se convierte en caja de resonancia de una reivindicación que tiene mayor semejanza con una avivada para tomar tierras productivas, que hoy tienen alto valor económico.