27 de Julio de 2011
Hipocresía al hablar de defensa de la soberanía contra los brasileños
En 15 días, entre el 30 de mayo y el 15 de junio, se destruyeron 15.966 hectáreas de monte virgen, en el Chaco paraguayo. Se habla de defender nuestra soberanía ocupando propiedades privadas, mientras se guarda silencio ante la devastación chaqueña.
La Fundación Guyra Paraguay realiza un seguimiento continuo del proceso de deforestación que afecta al Chaco americano.
El último reporte, correspondiente al período 30 de mayo - 15 de junio, confirmó la destrucción de 15.966 hectáreas de monte virgen.
En este lapso, cada día se tumbaron 998 hectáreas de un monte cuya biodiversidad se perdió en forma irremediable. Nuestro país no tiene forma de recuperar un sistema biológico único y extraordinario. Se perdió en forma definitiva.
El informe anterior, del 4 al 30 de mayo, es igual de pavoroso: 12.428 hectáreas destruidas. En el lapso de apenas 45 días, el Paraguay perdió 28.394 hectáreas.
A lo largo del año 2010, el promedio de deforestación diaria se mantuvo en 450 hectáreas. Esto significa que solo en 12 meses nuestra nación perdió 164.250 hectáreas de su patrimonio boscoso, un patrimonio insustituible y fundamental para mantener un equilibrio ecológico adecuado a sus necesidades de producción.
Paraguay lidera el proceso de destrucción del Chaco americano. Argentina mantiene un promedio de 150 hectáreas deforestadas por mes mientras que Brasil y Bolivia prácticamente no tumban árboles.
La inacción, desidia, torpeza e increíble ineptitud de nuestra clase gobernante conduce al Paraguay a una devastación ambiental que no tiene punto de retorno.
Defensa de la soberanía
José "Pakova" Ledesma habla de la necesidad de recuperar las tierras en manos de brasileños y para lograrlo impulsa la ocupación de propiedades privadas en el Alto Paraná.
Supuestos campesinos sin tierra, masas de desposeídos que hicieron de la ocupación de propiedades una profesión, buscan apropiarse de tierras mecanizadas.
En el Alto Paraná, el costo promedio de una hectárea de tierra es 10.000 dólares. La tierra es parte mínima de la inversión requerida para producir. Adquirir una cosechadora significa hablar de 250.000 dólares. Y todavía no se puede ni siquiera pensar en sembrar.
Miguel Ángel López Perito, por su parte, habla de la necesidad de recuperar tierras malhabidas y sin disponer de ningún elemento técnico en sus manos, habla de supuestos excedentes de tierra.
Marciano Barreto, titular del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), se encarga de dar visos de legalidad a los atropellos: impulsa mensuras judiciales sin disponer de títulos de propiedad.
El requisito fundamental para iniciar este proceso es contar con el título de propiedad y el Indert no los tiene, pero no interesa, dado que la cuestión es movilizar gente para forzar atropellos.
Se habla de soberanía en procura de despertar un sentimiento carente de racionalidad. Nada como argumentar que la patria está en peligro para nublar la razón.
Brasileños del Alto Paraguay y brasileños del Alto Paraná
El 85 por ciento de los nuevos propietarios de tierra, en el Alto Paraguay, son empresarios brasileños.
Junto con capitalistas del Brasil, inversionistas del Uruguay están comprando grandes extensiones de tierra.
Empresarios uruguayos se están instalando al sur de la Línea 1. Se estima que en este momento son propietarios de un millón de hectáreas.
El Indert, guiado por Marciano Barreto, no tiene problemas en reiniciar la venta de tierras en el Chaco paraguayo, dejando de lado una disposición de la anterior administración del instituto.
Pensar que Marciano Barrero fue subsecretario de Estado de Recursos Naturales.
La izquierda retrógrada, obsoleta, aquella que quedó varada en la década de 1960, lanza el grito de "recuperar tierras" y toma rumbo al Este, donde los lotes son más valiosos.
El Chaco paraguayo está HOY en peligro. Este es el momento en que se requiere esfuerzo conjunto para salvarlo de la destrucción.
En cambio, los principales referentes del gobierno de Fernando Lugo optan por mirar al Alto Paraná, desconociendo un proceso histórico que comenzó en 1883, con la venta de tierras públicas.
Los hijos de aquellos colonos brasileños que llegaron al país entre 1960 y 1970 son paraguayos, nacieron en una tierra que sus padres adoptaron como suya.
¿Qué hizo el Estado paraguayo para incorporarlos culturalmente a nuestra sociedad? Nada, absolutamente nada.
El resultado de buscar la confrontación muestra la peor hilacha de la izquierda obsoleta, en momentos en que nuestro proceso político requiere de la lucidez de dirigentes que reflejen un fuerte compromiso social.
Próxima nota: Ya no basta con producir






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