–En Paraguay se generó un debate esta semana por la salida de la Universidad Nacional, de la Facultad de Derecho, de los ranking. ¿Estamos mal?
–Que la Universidad se salga de los ranking no es una buena noticia. Eso quiere decir que no puntúa bien. Habrá que ver por qué. Habrá que ver cuál es el error...
–Esta universidad tuvo una crisis muy grande. Saltaron todos los temas de corrupción. Hubo una razzia de rector, decanos.
–La corrupción es una lacra que hay que combatir con educación, con valores. Yo creo que se puede hacer una revolución académica para evitar la corrupción. Eso se puede hacer con liderazgos académicos que tengan una visión clara de a dónde quieren llegar y una decisión firme de que la universidad sea un lugar de excelencia académica.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
–¿Cuál es su óptica de las universidades “de garage” que surgen como hongos y que ofrecen estudiar de todo?
–Es un tema peliagudo, difícil de resolver. Lo que hay que garantizar es una muy buena calidad de la universidad, sea nueva o antigua. Hay que garantizar que la solidez de los estudios sea real, porque también es una forma de defender a los ciudadanos. Hay gente que por querer una educación distinta al final no tiene ni educación ni es distinta porque va a un lugar que no reúne los requisitos legales, académicos ni de desarrollo. Hay que llevar adelante políticas públicas para asegurar la calidad en esas instituciones.
–¿Cuál es su opinión sobre el plan de Gobierno de exigir que los alumnos de familias acomodadas paguen?
–Todos tienen el derecho de que se les potencie sus capacidades intelectuales, cada uno en su nivel, alto, mediano o bajo. Si las autoridades piden que los que tienen más capacidad económica paguen más, me parece que es una buena política fiscal. Los impuestos no son de los Estados, los impuestos son de los ciudadanos.
–¿Tiene que ser voluntario el pago?
–No tiene por qué ser voluntario. Si el presupuesto es limitado y uno puede pagarlo, ¿por qué no puede hacerlo? Me parece que de esa forma se produce una convivencia sana, enriquecedora y una convivencia que apuesta por el futuro del país porque elimina las barreras sociales y las pasa por elevación intelectual. Es la misión de la propia universidad.
–¿Cómo puede balancearse la diferencia entre estudiantes formados en colegios de buen nivel económico y los de bajo nivel?
–Poniendo en marcha políticas públicas encaminadas a reforzar la educación primaria y secundaria. Son la base de la educación superior. Es importante que se desarrollen hábitos como la escritura, la lectura, la capacidad matemática, y esas cuestiones que se aprenden en los primeros estadios de la vida, en las primeras edades, de 0 a 3 años.
–Quiere decir que en 20 años podríamos tener algún resultado.
–Si todas las decisiones que tomamos son planes de aquí a cuatro años, nunca vamos a resolver el problema. Esto es un problema de largo plazo y requiere el compromiso de toda la sociedad.
–La reforma de la educación y salud es la cantinela de los políticos en cada elección en este país.
–No es solo en este país. Es en todo el mundo. La mayor parte de los problemas que tenemos en educación y en salud solo se pueden resolver a largo plazo.
–Las huelgas docentes son eternas. En Chile fueron como dos, tres años. ¿También es un asunto de largo plazo? –Yo creo que todo el mundo tiene derecho a reivindicar sus derechos. El problema es ¿cuáles son los derechos que prevalecen antes: el derecho de los profesores a la huelga o el derecho de los estudiantes a entrar a su clase? Los derechos se superponen. En este caso, el derecho de los estudiantes de recibir sus clases es superior al derecho a la huelga de los profesores. El problema tampoco es simple. Es complejo.
–Las reivindicaciones revientan todos los presupuestos. ¿Hay que pagar lo que piden los profesores?
–Los profesores tienen que estar muy bien pagados. La misión que tienen en cualquier estadio de la educación, tanto primaria, secundaria como terciaria, es una gran misión de formar a las futuras generaciones. Para eso tienen que estar bien formados, hay que hacerles seguimiento, evaluarles bien, retribuirles bien y en el caso de que un profesor no cumple la función hay que poder desvincularle y vincular a aquellos que puedan hacer bien su trabajo. Tener malos profesores va en detrimento de la sociedad, y pobre de los chicos que se encuentren a lo largo de su vida con ellos. Eso no lo podemos permitir.
–¿La universidad no está fomentando la violencia, la radicalización de los jóvenes que caen en el terrorismo como se dice que sucede en Europa?
–En Europa creo que tenemos que hacer una reflexión muy profunda porque indudablemente hay algo que estamos haciendo mal en la integración de las segundas, terceras y cuartas generaciones de inmigrantes que vienen de otros países y que por motivos que desconocemos, o que conviene explorar en profundidad, no se integran en el modelo europeo. Está claro que la violencia genera violencia, el rechazo genera rechazo, la inmundicia genera inmundicia, la suciedad genera suciedad y vice versa, la limpieza genera limpieza, el orden genera orden. Si voy por la calle y veo los cristales de un tren impolutos, limpios, a mí no se me ocurrirá tomar una piedra y tirar contra esos cristales. Pero si estoy un día con unos amigos, está el vagón oscuro, hay un cristal roto, el vagón abollado y no sé qué, le tiro una piedra y me divierto. Hay algo claro que no hemos hecho bien en Europa. Los que hacen daño son una minoría que no es el mundo islámico, el mundo islámico no es así. Creo que ahí la universidad puede ofrecer mucho. La educación es un factor integrador espectacular. Ahora también hay que tener interés por integrarse. La integración es un acto bidireccional. Depende de las dos personas que se integran. Si uno de los dos no lo desea tenemos un problema, y ese problema lo tenemos que resolver ya, ahora.
–¿Y si el fomento de la rebeldía, la radicalización parte de los mismos profesores enarbolando causas perdidas como aquellos que seguían la corriente de (el filósofo marxista italiano Antonio) Gramsci en los sesenta?
–La violencia genera violencia y la violencia no tiene cabida en el mundo universitario. El mundo de la universidad es un mundo de diálogo, de conversación, de apertura. Es un mundo donde yo aprendo de usted y usted aprende de mí.
–Hubo líderes que estudiaron en París, en Europa en los sesenta y al volver a sus países se convirtieron en dictadores sanguinarios: Mao Tse Tung (China), el Ayatollah Komeini (Irán), Pol Pot (Camboya), Ho Chi Minh (Vietnam). ¿Fueron sus profesores?
–El concepto de persona es importantísimo. Si perdemos de vista la esencia, la dignidad de la persona perdemos de vista muchas cosas y eso puede dar lugar a los mayores horrores del mundo como se ha podido ver en el siglo XX, por ejemplo con las dos guerras mundiales. Cuando el hombre se olvida de lo que es, es un problema muy severo. El fin de la universidad es perfeccionar, servir a las personas. Pero las personas se pueden desviar de ese fin. El conocimiento se puede desviar para el bien y para el mal. La investigación sobre la bomba atómica o sobre la energía nuclear se puede emplear en la curación del cáncer a través del uso de protones y bombas de protones o también se puede montar una bomba H que en menos de 30 segundos puede liquidar a seis millones de personas. Es el precio de la libertad.
–Y traducido en la educación universitaria, ¿qué hay que adosar a las necesidades insatisfechas?
–Lo que tenemos que conseguir es que la gente se quiera, se respete, sea solidaria, sea honesta, no robe, no utilice la violencia, no se aproveche de los demás, no aproveche su superioridad para machacar, para pisotear. Todos esos son valores que en Occidente los estamos olvidando. La violencia de género es una lacra contra la que hay que luchar. La gente tiene que saber por qué el hombre no puede usar su posición de poder contra la mujer ni viceversa. Eso sucede porque nos hemos olvidado de la dignidad de la mujer y de la dignidad del ser humano. Es un hecho inviolable pero eso lo podemos recordar a través de la educación.
(holazar@abc.com.py)
