La izquierda solo quiere dar valor a los que no trabajan

Este artículo tiene 8 años de antigüedad
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“La izquierda solo les quiere dar valor a los que no trabajan”. “Se tiene que dar valor al que trabaja”, afirma el sojero “brasiguayo” Alexi Paulo Grutka, uno de los 150.000 inmigrantes del este que adoptaron al Paraguay como su tierra. Conocido hacendado de Iruña (sur de Santa Rita), Grutka asegura en esta entrevista que si Paraguay seguía los dictados de Lula y los Kirchner “hoy íbamos a estar en el mismo lodo”, entre la recesión y la quiebra.

–¿De qué origen es su apellido? 

–Polaco. Mis abuelos emigraron de Polonia a Río Grande do Sul. Mi papá, cuando yo tenía 4 años, nos trajo a (el estado de) Paraná. Él falleció y yo vine al Paraguay hace 24 años. Tenía 29. Mis antepasados vinieron en barco, de Polonia, en 1912. Viajaron dos meses hasta llegar al puerto de Río de Janeiro, antes de establecerse en el sur.

–¿Cómo llegó a Paraguay? 

–Como tantos. Tenía unas tierras que ya no tenía forma de ampliar. Yo estaba con toda mi energía para trabajar y encontré en Paraguay toda la oportunidad para crecer. Me mudé solo. Me ayudaron unos amigos. Cuando llegué me construí una casa de 4x5 metros, de madera, media agua. Yo mismo hice mi cama, tenía mi cocina a gas. Me acuerdo que mi guardarropas eran dos tablas de madera. La mesa de comer era un tablón que recostábamos por la pared después de usar. Empecé a sembrar soja, maíz, trigo en tierra alquilada. Gasté todos mis ahorros en un tractor de cinco mil dólares, una rastra y sembradora. Dos años viví así. Al tercer año pude comprar una sembradora, una fumigadora… Al cuarto año fui aumentando mis herramientas… 

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–¿Las alimañas, los mosquitos? 

–Los mosquitos no matan. Uno se acostumbra… 

–Y ¿hoy, 24 años después? 

–Hoy tengo 600 hectáreas, cuatro cosechadoras, seis tractores. Me acuerdo que cuando empecé, mi siembra alcanzó seis hectáreas. Con el tiempo llegué a 200 y hoy voy por 1.700. Me formé como técnico agrícola. Tengo mucho rodaje detrás de los cultivos… 

–Usted es sojero. Un sector político quiere el impuesto a la soja. Dicen que no pagan impuestos… 

–¿Cómo que no pagamos impuestos? Yo compro abono y pago impuesto; compro mi máquina y pago impuesto; una cubierta para mi camión que hace los traslados paga impuesto; todo lo que hacemos paga impuesto. ¿Por qué dicen que no pagamos impuestos? Todo lo que se importa se paga entre 14 y 17% en la aduana. Eso es impuesto. Compramos agroquímicos, entre 15 y 17%, se paga impuesto de importación.

–Ellos dicen: ¿por qué los sojeros paraguayos no van a pagar si se paga en Brasil y Argentina? 

–No, no, no. Argentina pagaba y Argentina quebró. Los emprendedores se corrieron de Argentina. Vinieron a Paraguay. Yo sé que invirtieron bastante, especialmente en el Chaco. Mire cómo está Brasil y Argentina. ¿Queremos eso para nuestro Paraguay? Argentina se fue a la quiebra por ese populismo de izquierda que impuso Cristina Kirchner. Fue electo Mauricio Macri y cortó eso. Argentina crece de nuevo. Lo mismo pasó en Brasil y Venezuela. Si Paraguay hubiera seguido ese sistema, íbamos a estar “todos en el mismo lodo, todos manoseados”, como dice el tango (bromea). La izquierda, el comunismo solo les quiere dar valor a los que no trabajan. Para que el país progrese se tiene que dar valor al que trabaja. Solo de esa forma vamos a poder salir adelante.

–Pero el proyecto de impuesto está ahí. Estamos en tiempos electorales 

–Algunos políticos están insistiendo. Sabemos que la gente del Frente Guasu que se aliaron con los liberales están queriendo aprobar el impuesto. Si consiguen, lo único que van a hacer es poner un impuesto al que trabaja, al que produce. Yo pregunto: ¿Por qué se tiene que cargar siempre al que produce? ¿No hay forma de cargar a los haraganes? (sonríe con ironía). Los agricultores, al comprar nuestros productos para el campo aportamos de 10 a 17% entre IVA y otras cargas. Aparte de eso se paga el Iracis (Impuesto a la Renta Comercial, Industrial o de Servicios). Eso es netamente sobre la ganancia del productor. El gran productor hoy que vende más de 500 millones tiene que hacer su contabilidad. Trabaja como una empresa. Netamente paga 10% sobre su ganancia. Si ganó 100 millones, son 10 millones que va a Tributación. Mi contador me comentó la semana pasada que tenemos que pagar 200 millones de impuesto a la renta. Me genera un problema porque hoy no tengo los 200. ¿Usted cree que a alguien le importa? A nadie, pero yo me tengo que poner… 

–¿Por qué no tiene si ganó 2.000 millones? 

–La plata se va a la inversión otra vez. Se invierte mucho porque cada año necesitamos producir más. Hay que preparar la tierra. Si no cuidamos la tierra, al año nos vamos a la quiebra. Dudo que haya alguien que tenga más amor por la tierra que un sojero. Nuestra vida está depositada allí. La tierra es nuestro bien mayor. Le cuidamos tanto que no permitimos que se haga fuego cerca; no permitimos que se erosione porque el agua se puede llevar todos los nutrientes. Es fundamental hacer la conservación de suelo para plantar. A mí me llevó muchos años preparar el suelo que tengo.

–¿Por qué dicen que ustedes son los que más atentan contra el medio ambiente? 

–Dicen eso porque no saben de qué están hablando. Somos los que con más celo cuidamos la tierra. Yo, a veces saco agua de un manantial y con esa agua tomo tereré.

–¿Por qué dicen que los agroquímicos matan todo lo que hay? 

–No señor. Eso es una mentira… 

–Dicen que contamina… 

–Como le dije, no saben, no conocen de lo que hablan. Yo quiero que usted haga nomás una lógica. Si fuera como dicen, Estados Unidos, el país más protegido del mundo, no produciría soja, ni Brasil ni Argentina producirían soja para estar como primer, segundo y tercer exportadores más grandes del mundo. Paraguay es el cuarto mayor exportador del mundo. ¿Acaso eso no debe ser un orgullo para todos? Ellos usan los mismos productos que usamos nosotros. ¿Por qué en esos países los sojeros no tienen problema con el Gobierno? ¿Qué les induce aquí a discriminarnos en base a puras mentiras? 

–¿Qué es, política? 

–¡Es política, populismo! Nos quieren igualar a todos, pero hacia abajo. Mienten al decir que los sojeros contaminan. En mi estancia tenía una fuente de agua natural. Tomábamos agua tranquilamente. Nunca nos pasó nada. Ahora hice un pozo artesiano… Lo que dicen es pura política.

–Pero hay agroquímicos prohibidos… 

–Claro, pero para eso, para cuidar ese aspecto están las autoridades del país, los legisladores, las autoridades ambientales. El Gobierno es el que regula, el que controla, el que permite que circule o prohíbe. Por supuesto que tienen toxicidad para matar los bichos, y eso cuidamos nosotros. Muchos otros rubros agrícolas requieren de agroquímicos. Mucha gente consume soja en estado natural y no le hace mal.

–¿Por qué la soja y no otro producto? 

–Es lo más rentable. Producimos también trigo pero no se gana nada. Está a 190 dólares. Es muy poco. La inversión cuesta más que la ganancia; el maíz lo mismo. Se vende a 90 dólares. Hace cuatro años que no siembro porque los números no cierran. Es preferible no cultivar nada… 

–¿Se saca a pesar de sus precios bajos? 

–La ventaja es que todo el mundo compra. Nosotros vendemos directamente a Chicago, en el mercado internacional.

–¿Quién compra? 

–(Las multinacionales) Bunge, ADM, Dreyfus y Cargill. Nosotros les vendemos a ellos. Hoy tienen empresas en el Paraguay que industrializan soja. Quieren colocar impuestos sobre granos a la exportación. Y ¿cómo va a quedar eso que se industrializa? Nosotros vamos a pagar 100%. Los políticos están empeñados en colocarnos impuestos. “Los grandes tienen que pagar”, dicen. No son los grandes los que van a pagar. Van a pagar los productores. Y no importa que plante seis o 50 o 1.000 hectáreas. El chico va a pagar igual al grande.

–Dicen que Favero tiene que pagar… 

–Favero no planta soja. Favero no produce. Favero tiene sus tierras y todas están alquiladas. Los políticos no conocen un grano de soja ni cómo se produce ni cuánto cuesta producir. No entienden.

–¿Cuánto tiempo de trabajo le lleva dedicarse a la plantación? 

–Cuando comenzamos a sembrar estamos 24 horas por día. No hay fin de semana. Hay que estar ahí. Si llueve no se trabaja. El ojo del patrón engorda el ganado. Así es la soja. Eso sí, tenemos las mejores tierras del mundo. El clima también ayuda mucho. Aquí llueve muy bien. El que quiere dedicarse en serio a la agricultura en Paraguay tiene garantizado. Va a vivir bien. Pero el que trabaja no quiere ser molestado. Ese es nuestro anhelo, que nos dejen trabajar tranquilos… 

–¿No es así? ¿Hay gente que molesta?

–Siempre hay gente rondando queriendo molestar. Hay gente que busca trabajo para superarse y aquí va a encontrar, pero también hay gente que quiere ganar sin trabajar, y eso molesta.

–¿Qué hace de su dinero, manda algo a Brasil? 

–Acá la mayoría somos inmigrantes o hijos de inmigrantes pero nos sentimos más paraguayos que brasileros. Yo tengo 53 años. Tengo toda mi familia en Paraguay. Soy feliz. Ya no vuelvo a Brasil. Dígame, ¿qué voy a ir a hacer en Brasil si todo lo que tengo está en Paraguay? Como yo se siente la mayoría. Entonces, ¿qué hago con mi plata? Invierto en Paraguay o invierto en mi hobby que es la pesca deportiva. En noviembre voy con unos amigos a Colombia y después hay un concurso en Brasil…

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