22 de Noviembre de 2008

| URUGUAY, PRIMER PAIS DEL MUNDO EN DAR UNA COMPUTADORA A CADA NIÑO (I)

“Los que queden fuera de la educación digital quedarán fuera de la sociedad”

MONTEVIDEO, Uruguay (Enviada especial). Mientras en nuestro país la fundación Paraguay Educa lucha denodadamente y a base de donaciones para instalar el programa “Una computadora por niño”, Uruguay se convertirá el año próximo en el primer país del mundo en cumplir con la entrega de una laptop a cada uno de sus alumnos. Para conocer cómo y por qué trabajan para ese logro, ABC Color viajó a Uruguay. En esta primera entrega, Miguel Mariatti, director del Laboratorio Tecnológico (Latu), encargado del proyecto, explica la revolución que se empezó a forjar.

Miguel Mariatti, director del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu).

Miguel Mariatti, director del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu). / ABC Color

–¿Cómo se gestó la aplicación del programa “Una computadora por niño” en Uruguay?

–El plan Ceibal se inicia con una decisión del Gobierno, de la nueva administración. Este es un proyecto de gobierno. O sea, el tema acá sale a través de ese decreto, en el entendido de que es muy difícil estar en contra de este proyecto. Esto es, llevar la tecnología de la información en un programa de equidad, y no solamente un programa de educación. Eso significa que a través de ese proyecto se le va a dar una computadora a cada niño con conectividad a Internet. Es un cambio en la forma de aprendizaje. Estamos preparando las generaciones futuras. Entre las cuales, aquellas que queden fuera de lo que es el circuito de la información y la formación educativa digital van a quedar fuera de la sociedad en los próximos 10 años.

–¿El mismo presidente Tabaré Vázquez fue el impulsor del proyecto?

–El decreto es del presidente. El, personalmente, es un hombre comprometido con este proyecto. Por eso el impulso que se le dio al plan y el presupuesto del Gobierno para hacer la implementación.

–¿Todo el presupuesto del programa “Una computadora por niño” es del Gobierno?

–Todo. Acá no hubo ninguna donación, préstamo, nada.

–El decreto salió en el 2007. ¿Cuándo empiezan a llegar las computadoras a las aulas?

–Inmediatamente. Pero la ejecución del plan no es solamente repartir computadoras. Repartir computadoras es lo más fácil. El tema es la infraestructura que hay que tener, para que la computadora sea una herramienta totalmente útil, tanto para el niño como para su familia.

Pero hay una brutal brecha tecnológica entre el acceso a la información que tienen esos niños de las clases superiores con respecto a las clases más bajas, que no tienen ni computadoras ni el acceso a Internet. Entonces este es un programa de equidad, por encima de que sea un proyecto para la enseñanza.

Antes de entregar las computadoras hay que hacer una cantidad de cosas, hay que entrenar a los maestros, hay que hablar con los padres, hay que hacer las instalaciones de Internet. Hay que colocar los servidores. Hay que difundir la red inalámbrica en la escuela y en los alrededores. Es un proyecto enorme, gigantesco, pero con un resultado fantástico que es realmente revolucionario: entender que a través de los niños de las escuelas públicas se va a democratizar el acceso a la información.

–¿Qué presupuesto tiene actualmente el plan Ceibal?

–El presupuesto es una cosa muy elástica, porque depende mucho del tipo de cambio. Pero yo diría que para el inicio el presupuesto debería estar entre los 30 millones a 35 millones de dólares en los dos primeros años.

–¿El plan de ustedes es llegar a todos los alumnos del país para el año próximo?

–Sí. Nosotros estamos entregando 1.300 computadoras por día de clases. Hasta fin de este año llevamos entregadas 157.000 máquinas. Y para el año que viene tenemos otro tanto y allí estaríamos cubriendo el 100% de los niños que concurren a las escuelas públicas. En las escuelas públicas hay una población de aproximadamente 350.000 niños.

–¿Ya pudieron medir el impacto del programa en el tiempo que llevan de aplicación?

–Se está midiendo ahora el impacto, pero los primeros resultados son como fantásticos. Un ejemplo: en las clases todos los días los niños utilizan sus máquinas. Pero en las clases siempre hay dos o tres que se destacan sobre los demás. Entonces, de repente uno descubre que uno de esos niños que se destaca es una tercera o cuarta generación de una familia humilde, de un peón de campo. Y ver que ese niño tiene una habilidad fantástica para utilizar la computadora, uno dice: “pero qué pena hubiera sido que este niño no hubiera tenido esta oportunidad”.

–¿Acá, en Uruguay, hubo alguna resistencia al proyecto?

–Hubo alguna resistencia, pero de gente que no entendía el proyecto. En la medida que esa misma gente que estaba en contra empezó a ver las características y lo que significa, esa protesta fue absolutamente desapareciendo hasta desvanecerse por completo.

El proyecto tiene dos patas. La educativa. Y la otra que es su ejecución de un programa tecnológico desde el punto de vista de la implementación de la herramienta. Eso es laptops, servidores, conectividad, transmisores, antes.

–¿A los docentes les costó ponerse a tono con el proyecto?

–Aquí había muchos docentes que nunca habían tocado una computadora o no tenían una cuenta de correo electrónico. Pero hay que capacitarlos. Uno no puede decir: “no puedo ir a nuevas tecnologías porque la gente no las conoce”. Hay que dárselas. Hay que capacitarlos. Y los niños después empujan.

–¿Qué cambió en el aula desde que llegaron las computadoras?

–Siguen usando cuadernos y van a seguir usándolos. Pero es un cambio dramático el acceso a la información. Ese es el cambio dramático. Digamos, poder tener acceso directo a todas las fuentes de información. Algo que también se nota es la voluntad de asistir a las escuelas. La computadora despierta otro interés, mucho mayor que el funcionamiento clásico en las clases.

–¿Tienen datos sobre cuántos de los niños involucrados en el programa no habían tenido acceso a una computadora antes?

–Recién estamos tomando esos datos. Pero yo te diría que la gran mayoría estaba en esa situación. Algunos, por ejemplo, accedían en cibercafés. Pero era una minoría. En el interior ni siquiera tenían esa posibilidad. Pero era más que nada para utilizar las computadoras para juegos. Pero para buscar información, para trabajos en red, en equipo, yo te diría que la más absoluta minoría podía hacerlo.

Próxima nota: Las laptops en aulas uruguayas

ndaporta@abc.com.py
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