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20 de Agosto de 2010

 

Origen de la inmigración japonesa en el Paraguay

De la inmigración  japonesa en el Paraguay no se puede hablar sin que antes se refiera, aunque sea someramente, la presencia nipona en el Brasil, que data de 1908, año en que el primer contingente de 781 inmigrantes japoneses arribó al puerto de Santos a bordo del legendario buque Kasato Maru, el 18 de junio, para ser más precisos.
   
Desde entonces la inmigración japonesa al Brasil prosiguió normalmente hasta que el gobierno de ese país promulgara la llamada ley de "restricción al dos por ciento de admisión anual de inmigrantes, en proporción a la cantidad preexistente", sancionada en plenaria del Congreso Federal, bajo la nueva Constitución Nacional, en el año 1933, y promulgada por el gobierno provisorio del presidente Getulio Vargas.  Apuntaba principalmente a reducir la inmigración japonesa, que a la sazón ya contaba con 142.457 individuos radicados. En el trasfondo de este hecho estaban la agresión de la Manchuria por el ejército imperial, en 1931, la sucesiva expansión japonesa en el continente chino y el creciente sentimiento antijaponés en el hemisferio, agitado por la propaganda americana.   

Esto significaba un duro golpe para Japón, cuando que la corriente inmigratoria japonesa al Brasil en auge estaba orillando la masiva cantidad de casi 25.000 personas anuales, lo que en lo sucesivo sería reducido a una cuota menor de apenas 3.000 migrados por año.   

Ante esta apremiante situación, la Corporación Colonizadora del Brasil, en adelante denominada con el acrónimo en japonés de "Bura-taku", dependiente del entonces Ministerio de Colonización del Japón, se vio impelida a la búsqueda urgente de una nueva alternativa en otros países que ofrezcan sus tierras para la inmigración de los japoneses, ansiosos de abrir sus nuevos horizontes en el exterior, tras la Gran Depresión económica mundial acaecida durante la década anterior a la Segunda Guerra Mundial.   

Destino, Paraguay  

Los países consultados al respecto fueron Paraguay, Colombia y República Dominicana, entre otros, siendo el Paraguay considerado el mejor candidato por la cercanía de su posición al Brasil, por razones logísticas y similitud de sus condiciones agrícolas en muchos aspectos.   

Siendo que el gobierno liberal de la época, bajo la presidencia del Dr. Eusebio Ayala, seguía una política magnánima de admisión de inmigrantes productivos, ya sean europeos (por ejemplo los menonitas), e inclusive los japoneses, a quienes guardaba mucha simpatía, para promover un radical desarrollo socioeconómico del país, pareciera que el proyecto de la primera inmigración nipona promovido por la filial de "Bura-taku", llamada "Para-taku", establecida al efecto en el Paraguay, acogido con beneplácito por las autoridades paraguayas, sería concretado favorablemente, sin mayores inconvenientes.

Sin embargo, he aquí que provino un inesperado contratiempo con el advenimiento del gobierno de facto del Cnel. Manuel Franco, protagonista de la conocida revolución del 17 de febrero de 1936.   

El gobierno febrerista del Cnel. Franco, de corte ultranacionalista, impuso un orden diametralmente opuesto a la política inmigratoria precedente, y su ministro de Agricultura y Ganadería, el Dr. Bernardino Caballero (nieto del Gral. Caballero), emitió una declaración respecto a la admisión de nuevos inmigrantes extranjeros.

Se  enunciaron entonces  los siguientes preceptos: 1) No se admitirá en adelante la masiva inmigración de los extranjeros, sino solo en la cantidad menor de extranjeros asimilables a la sociedad paraguaya; 2) No se permitirá la agrupación exclusiva de los extranjeros que pueda formar asociaciones exógenas, extrañas a la idiosincrasia paraguaya; 3) El Gobierno priorizará los derechos y privilegios de los agricultores y obreros nacionales, por principio.   

Inmigración experimental  

Esta nueva situación vino a complicar muchísimo las gestiones de inicio de la novel colonización japonesa, y el Sr. Chihiro Uchida, quien sería el primer administrador de la colonia La Colmena, tras no muy fáciles negociaciones con el Gobierno, logró por fin la autorización para la admisión de 100 familias inmigrantes de agricultores japoneses en carácter experimental, bajo la condición de asentamiento en lugares aislados del interior, evitando su aglomeración grupal en las ciudades, debiendo dedicarse preponderantemente a las actividades de producción agrícola de aquellos rubros exportables, sin que cause una competencia indeseable a los pequeños agricultores nacionales.   

La noticia de promulgación del Decreto (Nº 1026 del 30/04/36), por el cual se autorizara la inmigración experimental de los japoneses ya mencionada, se conoció un día antes en coincidencia con el 35° aniversario de nacimiento (29/04) del emperador Hirohito, y apenas unos 20 japoneses residentes en todo el Paraguay se reunieron a festejar con alegría en Asunción este doblemente feliz acontecimiento.   

Una vez obtenido el decreto en cuestión, inmediatamente se puso en marcha la obra de habilitación de la hacienda La Palmira, ubicada en Iriarte, distrito de Ybytymí, departamento de Paraguarí, perteneciente al Sr. Ignacio Escobar, previamente adquirida durante el anterior gobierno, para el establecimiento de la colonia bautizada por los japoneses con la nueva denominación de La Colmena, en alusión al albergue de las disciplinadas abejas trabajadoras.   

Los pioneros

Así se inició el primer paso de la colonización de La Colmena, con el arribo de los pioneros vanguardistas, quienes fueron el Sr. Chihiro Uchida, el primer administrador de la colonia; el Sr. Antonio H. Kasamatsu y el Sr. Yoshitaro Sakai (padrastro del autor de este artículo), el 15 de mayo de 1936, glorioso 125° aniversario de la Independencia nacional.

Dicho sea de paso, ese día se instituyó posteriormente como la fecha de fundación de La Colmena, y que actualmente es reconocida por extensión y con justicia como el Día de la Inmigración Japonesa en Paraguay.   

La ahora convertida en una pujante ciudad de La Colmena, la más joven del Dpto. de Paraguarí, fundada por los japoneses, en su lejano periodo de colonización, no estaba tampoco exenta de muchas penurias y dificultades propias de las grandes realizaciones, sufriendo además en el ínterin la total orfandad tras la desvinculación sin apoyo alguno de la Madre Patria, debido al infortunio de la Segunda Guerra Mundial. Se puede considerar que los primeros colonos cumplieron denodadamente en silencio, pero con creces, las condiciones de inmigrantes experimentales impuestas inicialmente, a pesar de muchas adversidades, ganando por fin merecidamente la confianza y simpatía de los gobiernos posteriores y de la ciudadanía paraguaya.   

Buen precedente

Este prestigio de La Colmena fue fundamental para la pronta reapertura de la corriente inmigratoria japonesa de posguerra al país, con la firma del Convenio de Inmigración Japonesa en 1959, previo establecimiento de la Legación japonesa (ahora la Embajada) en el Paraguay en 1957.

Y el notable desarrollo de las colonias japonesas de posguerra en todo el país es bien conocido hoy en día, que no hace falta reiterarlo, pero hay que destacar que tampoco este éxito se habría visto sin contar con la virtud cristiana de la hospitalidad bien paraguaya, fundamentalmente, con que gratamente fueron recibidos los japoneses en el país.

Y  el Japón es un pueblo noble que también sabe agradecer y retribuir.
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