La deforestación en nuestro país ha llegado a niveles alarmantes. Sabemos, por ejemplo, que el Paraguay perdió en los últimos años el 90 % de sus bosques en la región oriental y la deforestación en seis meses (agosto de 2013 a enero de 2014) fue superior a 143.000 ha.
Según un informe del Viceministerio de Ganadería, en el Paraguay, el 40 % de la masa boscosa es nativa. Alrededor de 10 millones de hectáreas están protegidas y el país produce 0,07 % de los gases invernaderos alimentando a más de 80 millones de seres humanos en el mundo.
La inquietud por los problemas ambientales puede ser utilizada por muchos grupos, con el pretexto de proteger el ecosistema para limitar o restringir drásticamente el desarrollo económico.
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Por el contrario, en las últimas décadas se ha ido gestando un acuerdo generalizado sobre la necesidad de imponer modificaciones en las políticas socioeconómicas y ambientalistas de los estados, a favor de la persecución de un desarrollo sostenible.
Es decir, el desarrollo que resuelva y solucione las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las propias.
En ese sentido es perentorio reglamentar el uso y la explotación de los recursos naturales a través de disposiciones constitucionales, leyes nacionales y resoluciones administrativas funcionales, sostenibles y adaptadas a nuestra realidad bioeconómica.
INTEGRACIÓN PRODUCTIVA
Es necesaria la integración agro-forestal-ganadera. La producción de especies forestales puede combinarse con cultivos agrícolas o con la actividad ganadera.
En los tiempos que corren, existe una real necesidad de hacer un aprovechamiento integral del recurso suelo y, por otro lado, podemos combinar especies forestales con cultivos agrícolas y actividad ganadera en la misma unidad de gestión para tratar de obtener así un mejor y más rápido retorno económico, además de una interacción ecológica entre estas actividades.
Cabe agregar que la implantación de bosques de producción, no es otra cosa que una agricultura a largo plazo, pudiendo integrarse la forestación en los sistemas agrícolas y ganaderos, e integrar a los agricultores-ganaderos en sistemas forestales.
La producción nacional de madera proviene en un 90 % de los bosques nativos, la cual se puede ver muy afectada en un futuro cercano por la disminución de los mismos y la degradación de los recursos maderables existentes.
La explotación de los bosques artificiales alcanza solamente la producción de aproximadamente 30.000 m3 por año siendo las especies más importantes: el pino con 74 % del total, paraíso 16 % del total, eucalipto 7 % del total, y el pino variedad Paraná con 3 % del total.
Los componentes forestales debidamente seleccionados pueden contribuir a la productividad en diversas formas, por ejemplo, aumentando la producción de materia orgánica, manteniendo la fertilidad del suelo, reduciendo la erosión, conservando el agua y creando microclimas, más para el conjunto compuesto por cultivos y ganados.
FORESTAR PARA EXPORTAR
El creciente déficit maderero que presentarán en el futuro dos de los mercados más lucrativos del globo: EE. UU. y la CEE, abre favorables perspectivas para la expansión forestal en nuestro país.
Nosotros podemos producir maderas a costos más bajos que los países industrializados, que son los grandes consumidores y grandes exportadores. La tendencia de la demanda mundial es siempre creciente. A la participación en el abastecimiento de esa demanda debe apuntar nuestro país.
Las condiciones favorables de nuestro suelo y clima nos permiten, por ejemplo: que con el pino en ocho años se puede proceder al primer corte o raleo de una plantación; en los países escandinavos, en cambio hay que esperar 40 años. Este sector puede y debe crecer, pues al tener la capacidad de producción de madera a bajo costo, contamos con la condición más importante para abastecer la demanda en forma creciente.
MBOKAJA
El mbokaja (acrocomia totai), nombre común del coco, y el biodiésel pueden crear fuentes de trabajo para la población, valor agregado al país, reducir la polución ambiental, preservar y promover el ecosistema natural y generar ingresos a través de la venta de certificados de carbono en base al protocolo de Kyoto.
Son todas las ventajas que se pueden obtener a partir del mbokaja o coco. Se debe estimular la producción y consumo de biodiésel nacional.
Respecto a las perspectivas de ventas externas podemos poner como ejemplo el caso de Chile, que ya en 1986 exportó productos forestales por valor de USD 396 millones.
Nuestro país ofrece iguales o mejores zonas que las chilenas, pero ocurre que en ese país hubo una política seria, continua y sostenida en materia de forestación.
POLÍTICAS Y USO DE LA TIERRA
A pesar de que todos sabemos que en el Paraguay el 2 % del total de los propietarios concentra casi el 80 % del total de las tierras, es necesario implementar políticas racionales de estímulo al propietario para que los mismos se vean obligados a hacer mínimamente rentable sus fincas o venderlas a quienes estén dispuestos a comprarlas y trabajarlas, de modo a crear fuentes de mano de obra, alimento para la población e ingreso de divisas para el país ya sea a través de sus productos exportables o en el pago de sus impuestos respectivos.
Desde luego que cualquier programa de reforma agraria no consiste exclusivamente en el reparto de tierras. El mismo como todos sabemos debe ser complementado con un “fino y delicado” programa de asistencia técnica, eficiente organización y el fortalecimiento de las asociaciones de productores y cooperativas, asistidos por funcionales planes de financiamiento, de modo que los productores puedan en una segunda etapa acumular capital para la reinversión o recurrir a los sistemas privados de financiamientos.
(*) Especialista en producción agropecuaria.
