Por Mariela García (19 años)
En los diarios amarillistas o noticieros con sed de espectáculo y audiencia se puede encontrar el morbo en puro estado, con la foto más sangrienta en la tapa o la escena más polémica para la pantalla. Pero esa atracción hacia acontecimientos o hechos desagradables se hizo de sucursales en otros medios, incluyendo las redes sociales y principalmente el Facebook.
Directamente en los “muros” nos llegan enlaces con imágenes de niños desnutridos, fetos que terminaron en el basurero luego de un aborto, animales muertos exhibidos como presas por hombres sonriendo y más; todo esto acompañado con frases como “compartí para terminar con el hambre en el mundo” o “dale me gusta si estás en contra del aborto o el maltrato animal”.
Es un tocorré sin fin que parece apoyarse en la curiosidad de las personas para seguir su camino y así impactar o entretener. Porque más allá de eso, ¿qué se consigue con divulgar todo aquello? Y si hay una respuesta a esa pregunta, queda pendiente otra: ¿dónde queda la sensibilidad? ¿Qué pasó con ese apego natural del hombre a dejarse llevar por la compasión, humanidad y ternura? Que es lo opuesto a lo planteado.
A cualquier persona le afecta observar ese espectáculo cada vez que inicia sesión. Esta sensibilidad no tiene nada que ver con ser “culí” o que no le importe lo que pasa en el mundo, pero bajemos un cambio con las imágenes chocantes y fuertes.
Sí… cierto, estar en contra del aborto o maltrato no tiene nada de malo, pero si lo llevamos al punto del escándalo, pierde sentido. Mejor aún, aprovechemos las facilidades que nos brindan las redes sociales, por ejemplo, para recomendar, opinar, difundir y comunicar nuestras ideas, planes o actividades para luchar por las causas mencionadas, sin llegar a utilizar el morbo como medio.