El legado

Este artículo tiene 9 años de antigüedad
/pf/resources/images/abc-placeholder.png?d=2414

Hoy rescato la importancia de las bodegas y viñas sudamericanas que tanta trascendencia han tenido por un largo periodo, para los consumidores y para el mundo vitivinícola.

Muchos no le dan la respectiva importancia a la cultura vitivinícola de nuestro continente, pero hay un periodo (1850 a 1914) en el cual la misma ha sido la base de todos los vinos consumidos en el mundo, ya que los viñedos de este continente nunca fueron atacados por la plaga de un insecto, el philoxera, que diezmó los cultivos de vid en el Viejo Mundo. Ese fue un periodo de prosperidad para los productores locales, pero en aquel entonces predominaba más que la calidad la cantidad y es así que, al mismo tiempo, la reputación de nuestros vinos cayó a nivel internacional. Por supuesto, algunas excepciones siempre hubo, como el caso del Santa Carolina Reserva de Familia Cabernet Sauvignon en el año 1889, en lo que fue parte de la Exposición Universal de París, Francia, donde este vino obtuvo la Medalla de oro y durante años fue su icono.

La inmigración

Grandes industrias vitivinícolas se instalaron de ambos lados de la Cordillera de los Andes, muchas familias de inmigrantes se mudaron a estas inhóspitas tierras y comenzaron a plantar y producir vinos, sus economías avanzaban viento en popa, pero —como siempre— no todo lo bueno es eterno (principalmente en lo económico). Quedó de ello un gran legado, bodegas fantásticas, la cultura de producir y tomar vino, más aun en Argentina que en Chile, que hasta el día de hoy sabemos aprovechar. Así también, varias bodegas fueron abandonadas y otras quebraron al no tener más el soporte de la venta masiva de vinos hacia Europa, una vez que fue encontrada la cura al philoxera.

La cura consistió simplemente en un injerto de un pie de viña autóctono de los Estados Unidos —que era inmune al philoxera— con las variedades autóctonas de Europa, que fueron buscadas tanto en Chile como Argentina, dando así excelente resultado y, sobre todo, calidad.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Barreras naturales

Es a partir de ese momento que el mundo del vino comenzó a tener dos familias de uvas vitiviníferas (uvas para hacer vino): las de “pie franco” (con raíz y tallo de la misma cepa) y las de “pie injertado” (con raíz americana y tallo europeo). Todo ello fue posible gracias a que los viñedos, tanto de Argentina como de Chile, nunca fueron contaminados por el philoxera debido a las barreras naturales de aquellos países: a) la altura de los viñedos en la laderas de los Andes, b) las zonas desérticas al norte, c) las zonas frías al sur y d) el océano Pacífico al oeste. Personalmente, debo decir que me siento orgulloso de que los viñedos de estos dos países siempre hayan estado protegidos, fue la salvación al problema, caso contrario, hoy en día la diversidad vitivinícola sería casi nula.

Mi preferida

Y también debido al philoxera es que una de mis cepas preferidas es la del Carmenere, que desapareció o quedó escondida por más de 140 años, fue reencontrada en el año 1994 y gracias a ello se le dio la respectiva importancia. Hoy podemos disfrutar increíbles vinos de esta cepa tinta, que resalta entre las 4800 variedades vitiviníferas que hay, justamente por su anécdota como uva desaparecida.

En fin, Sudamérica hoy es un continente importante para la industria vitivinícola, su tradición es bien corta, pero produce una gran calidad indiscutible.

Preciados lectores, ¡salud a todos! y hasta el próximo sábado.

oligayet@hotmail.com