Por Graciela Galeano (18 años)
Nació en una famillia de músicos; su padre es conocido como Papi Basaldúa y sus dos hermanas también son cantantes. A los seis años, empezó a ejecutar el arpa, luego se inscribió en el Conservatorio Nacional de Música para aprender a tocar piano, pero continuó sus estudios con profesores particulares porque tenía que viajar y no disponía de tiempo para seguir en el conservatorio.
Un tiempo después, participó en varios concursos y festivales; a los diez años obtuvo el primer puesto como solista de arpa en el Festival de la Bahía; recién a los 16, comenzó a cantar profesionalmente. En el 2007 realizó su primer viaje en un crucero, el cual duró un año; el segundo, nueve meses y, a partir de entonces, los demás fueron viajes cortos. Actualmente ejecuta el acordeón, la guitarra, el arpa, el piano y el órgano.
Conoció varias ciudades del mundo y, al mismo tiempo, una gran diversidad de culturas, porque cada día los cruceros se detienen en un puerto diferente. Recorrió el Mediterráneo, el Caribe, el norte de Europa y varios países más. Comenta que es satisfactorio ver en el exterior como la gente aprecia nuestra música y que, estando lejos, aprendió a valorar más a su familia, amistades y principalmente nuestras tradiciones.
Su meta es llegar más allá de las fronteras, que sus canciones sean conocidas en varios países y ganar algún premio importante en el mundo musical. Desde hace dos años trabaja con su padre llevando artistas paraguayos a los cruceros, y nos dice: “Se puede vivir de la música; mi familia siempre vivió de ella. Mucha gente piensa que los artistas no pueden mantenerse con el arte en nuestro país, pero yo creo que eso depende del esfuerzo de cada uno; la gente que no puede vivir de la música es solo porque no se anima”.
