13 de Julio de 2017 10:40

 

Un símbolo de corrupción

Por Héctor Fretes

Tras años de abandono renace la posibilidad de convertir un “elefante blanco” de la corrupción en un complejo de soluciones habitacionales. No obstante, sus ruinas mantienen una historia de impunidad a costa del sueño de trabajadores.

Promediaba la década del 90 cuando el entonces Banco Nacional de Trabajadores, creado bajo el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, emprendió un ambicioso plan habitacional para la clase trabajadora de aquel entonces. Muchos de ellos depositaron dinero y esperanzas de materializar el anhelo de la vivienda propia.

Sin embargo, con el paso del tiempo los aportantes terminarían siendo defraudados en lo que se considera como la mayor estafa bancaria de la era democrática a través del extinto ente financiero, manejado por políticos y dirigentes sindicales de aquel entonces.

Mediante una maniobra entre dos empresas privadas, una de ellas propiedad del entonces presidente Wasmosy, accedieron sin inconveniente alguno a un crédito de G. 50.000 millones del BNT, millonaria suma concedida sin garantía alguna con el visto bueno del titular del ente, Edgar Cataldi, quien falleció en 2014.

Con bombos y platillos las obras iniciaron y el sueño para los trabajadores comenzaba a tomar forma en un predio ubicado frente al local de la Asociación Rural del Paraguay en Mariano Roque Alonso, un amplio complejo de departamentos. Sin embargo a la par que las obras avanzaban, un selecto grupo se encargó de vaciar el BNT, que no tardaría en ir a la quiebra y sus responsables efectuaron diversas maniobras para eludir a la justicia.

Cataldi se desempeñó como presidente del BNT entre 1993 y 1996, periodo durante el cual concedió préstamos irregulares a particulares y empresas diversas, así como para obras supuestamente de “interés social” nunca terminadas. Los daños causados al BNT por los empréstitos fraudulentos fueron de G. 120.000 millones, sin calcular los intereses que debían generar para la entidad.

Transcurrieron los años y el esqueleto de la obra inconclusa permaneció como símbolo de la corrupción e impunidad. Al tratarse de un edificio abandonado no tardó en convertirse en guarida de marginales y por ende la inseguridad se apoderó de la zona.

Si bien la propiedad pasó a manos del Instituto de Previsión Social, todos los intentos por sacarle rédito fueron infructuosos, hasta que hace unos años atrás cobró fuerza la posibilidad de venta a la Senavitat, que finalmente se hizo efectiva en noviembre de 2015.

De acuerdo a las previsiones de la Senavitat, unas 3.000 familias de clase media podrían verse beneficiadas con el plan habitacional que será ejecutado con apoyo de la Itaipú Binacional, con acompañamiento de la Municipalidad de Mariano Roque Alonso en lo que respecta a la fiscalización, entre otros aspectos.

Se espera que la construcción de los departamentos arranque en lo que resta de este año de tal forma a concluir en 2019, demoliendo al “elefante blanco” de la corrupción y erigir en su lugar viviendas dignas para los ciudadanos.

 
 

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