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13 de Diciembre de 2013 19:00

 

Lucrecia Martel: “La industria del cine se puso un poco torpe”

Por Jorge Coronel

Reconocida como una de las directoras más importantes del cine argentino, la cineasta Lucrecia Martel comparte su visión del cine, lamenta la banalización de los festivales y celebra el entusiasmo por hacer cine en Paraguay.

La reconocida cineasta argentina Lucrecia Martel.

La reconocida cineasta argentina Lucrecia Martel. / venice-days.com

“Me parece que ustedes están en un momento muy efervescente”, afirma una lucida Lucrecia Martel luego de la charla que ofreció en Asunción, en el Centro Cultural de la República El Cabildo. “Hay bastante gente joven interesada en hacer cosas, que ya ha hecho cosas… Eso es muy importante, y los gobiernos tienen que cuidar esas semillas como oro para que puedan crecer”, comenta Martel, una de las cineastas más potentes del vecino país.

La cineasta llegó a Paraguay como una de las tutoras del Taller Cinematográfico Muâ ("luciérnaga" en guaraní), junto a la paraguaya Paz Encina y la productora argentina Violeta Bava; un proyecto impulsado por la realizadora paraguaya Renate Costa.

“La ciénaga” significó en 2001 el puntapié de una carrera que la coronó como ganadora de la Berlinale a la mejor ópera prima. En 2004 estrenó “La niña santa” –una coproducción de Argentina, España e Italia, que llegó a Cannes– y en 2007 dio a conocer “La mujer sin cabeza”, rodada estrictamente en Salta, su ciudad natal.

Para Martel, el cine es una necesidad del ser humano para trascender la soledad. “A mí me parece que tanto el cine como la literatura, el teatro, todas las cosas que son narrativas y de expresión y lenguaje, son los intentos que hacemos por trascender la soledad innata de la percepción y del cuerpo. Nosotros estamos como confinados en un cuerpo y compartir ese lugar es imposible; poder poner al otro en la piel de uno... Entonces lo que hacemos es intentar nuevos lenguajes, sistemas narrativos, para intentar poder compartir con otras cosas que vemos, que nos parece, que sentimos”.

-¿Qué implica esa trascendencia?

-A veces se logra con mayor o menor eficiencia; en algunos casos te comunicás con millones… con 20.000, con cinco. No importa… Es ese deseo de trascender una soledad, que es inherente a la existencia humana. Nunca nadie va a estar dentro de tu cuerpo, por más que me digas un bebé… es falso. En el lugar de tu emoción, de tu percepción del mundo, nunca va a estar nadie. Yo pienso que es eso.

-Sus inicios se remontan a la televisión. ¿Cómo recuerda esa experiencia?

-Para televisión hice algunos documentales por encargo e hice un programa que se volvió de culto para niños; yo era realizadora, no era la directora, se llamó “Magazine For Fai”, en los '90. No era conocido comercialmente, pero hay toda una gente joven que lo veía. Hay muchos actores que ahora son estrellas del cine argentino que se coparon siendo actores en Magazine For Fai.

-¿Consideró la televisión un vehículo para llegar al cine?

-No, ¿sabés que no pensaba mucho yo? No sabía para dónde ir… haciendo “Magazine For Fai” es que empecé a escribir “La ciénaga”. Fue en esa época. Ya había empezado a escribir cositas…

-¿Qué fue lo más difícil de descubrir en la Martel cineasta?

-Me costó mucho, porque me daba mucha timidez la relación con los actores. Pero durante meses, como 4 meses, estuve en el garaje de mi casa, en Salta, recibiendo gente que quisiera actuar en la película. Y vi como 2.400 personas. Es mucho. Desde las 9 de la mañana hasta las 11 de la noche la gente venía… yo había puesto un anuncio en el diario, en algunas radios, y esa relación con la gente me fue facilitando.

“Magazine For Fai” también me ayudó muchísimo, porque ahí trabajé con una directora de actores. Era muy divertido hacerla. ¡Nos reíamos todo el tiempo!

Observar la realidad

Lucrecia Martel –quien estudió en una escuela de cine estatal en el momento de la crisis económica argentina, la hiperinflación del '89; entre huelgas y pérdidas de clases– considera que la mejor manera de hacer cine, más que estudiar, es partiendo de la realidad. “Aunque vos después quieras poner un plato volador, unos bichos verdes… tu fuente de inspiración, donde vas a imaginarte movimientos, formas de hablar, situaciones, es de lo que te rodea. Y ahí lo vas a transformar en otra cosa”, subraya.

Por eso minimiza el visionado de películas como referencia, para volcarse hacia una mirada realmente personal. “Si vos solamente te vas a dedicar a ver películas, es como que ya está todo armado por otros. Está buenísimo, pero eso solo no te va a ayudar; lo que te va a ayudar es tu vecindario, tu casa, tu familia, tu país”.

Ese modelo de industria

Mientras preproduce el filme histórico “Zama” –una adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto, que filmará en 2014–, la cineasta comparte conceptos sobre su visión de la industria del cine, a la que califica como “un poco torpe”.

Entre sus reclamos, las concesiones de producción ocupan un lugar importante. “¡Hoy los productores preguntan la posibilidad de filmar en inglés!”, se inquieta, así como el error de realizadores que trabajan en proyectos a partir de una estrategia de venta. “Otra cosa es la narrativa, que tiene que ver con una necesidad”, apunta.

También dispara contra la popular etapa de “pitching”, es decir, aquella presentación verbal de una idea para vender a productores un proyecto audiovisual. “El ‘pitching’ lo inventó la publicidad para descubrir la característica única de un producto. ‘Esta manteca es natural; no se derrite a 90ºC’. Eso, llevado a la complejidad del cine, no lleva más que a la versión dosificada de una película. Es un proceso vacío”, sostiene.

Martel advierte a los cineastas no adelantarse a promocionar proyectos con 'teasers' o adelantos. “Nunca hagan 'teasers' o adelantos con escenas de la película para presentarse, porque eso puede ser el fin. Es mejor hacer el corto de una idea que te parezca potente; no tratar de hacer un tráiler”, dice. “Esas cositas medio ‘pícaras’ salen mal”.

La cineasta se rehúsa a las especificaciones de los guiones técnicos y al uso del ‘storyboard’ (las ilustraciones para previsualizar la película antes de rodarse). “Una vez, me junté cuatro días en un hotel con un chico para dibujar… y no sé, no sentía, era una mentira. ¡Como el ‘pitching’! A algunos les sirve, a mí no”.

-¿Es difícil hacer a un lado esos requerimientos de la “industria”?

-Más o menos. Es medio cualquier cosa… La industria se puso un poco torpe. Esta “boludez” del pitching: está todo el tiempo en todos los festivales que antes eran de autor. Como se banalizó mucho, quedan pocos productores, poca gente, que realmente se profundice en el cine.

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