Este es un tema en el que desde hace mucho tiempo, distintos sectores tienen posiciones dispares.
Por ejemplo, en la puja por la implementación creciente de la semilla transgénica en nuestro país, donde por “fanatismo y dogmatismo”, decía la semana pasada el titular de la Coordinadora Agrícola del Paraguay, Héctor Cristaldo, se pierde la sostenibilidad de miles de pequeños productores por todavía utilizar semillas tradicionales que son “tecnología desfasada”.
Desde hace muchos años, es de conocimiento que en varios países del mundo la biotecnología generó mayor producción agrícola debido al sostenido desarrollo de cultivos transgénicos y que propició a que las plantas se resistan a las pestes, enfermedades, etc., y por tanto benefició al crecimiento económico.
Pero en nuestro país, ¿por qué hay sectores que se resisten a la biotecnología?
La ingeniería genética consiste en el desarrollo de técnicas que modifican genéticamente una serie de variedades de plantas, animales y microorganismos que en un futuro son utilizados como alimentos. De esto, que se obtienen de la biotecnología, son los llamados “alimentos transgénicos”.
“La ingeniería genética rompe las barreras naturales que existen entre las especies”, dice Víctor Benítez, de Alter Vida. Organización que presenta una postura contraria a la utilización de la biotecnología; “una vez que estos organismos son liberados al medio ambiente y a las redes alimenticias pueden reproducirse y contaminar los cultivos tanto convencionales como orgánicos”.
Acerca de la inocuidad alimentaria de los productos transgénicos, Benítez considera que hay evidencias que muestran que los alimentos transgénicos tienen efectos a largo plazo en la salud humana.
Sin embargo, la Pontificia Academia de las Ciencias de la Ciudad del Vaticano había revelado que la tecnología de ingeniería genética puede combatir deficiencias nutricionales a través de modificaciones en micronutrientes esenciales. Por ejemplo, avalan que en un estudio al alimento transgénico del “Arroz Dorado” biofortificado con provitamina A, demuestra que si se le incluye en las dietas diarias podría prevenir la deficiencia de vitamina A.
En cuanto al uso de insecticidas, la Pontificia indica que el maíz y el algodón modificados genéticamente para una mayor resistencia ante insectos han reducido en gran medida el uso de insecticidas y que de esta manera aumentó la seguridad de las prácticas agrícolas.
En tanto, Alter Vida sostiene que las 10 variedades de maíz tradicional y nativas que posee nuestro país, corren el riesgo de una contaminación genética por el maíz transgénico. "Y sobre todo declarar a nuestro país libre de algodón y maíz transgénico, apoyar la producción de alimentos sanos (producción orgánica) que generan ingresos económicos a los pequeños y medianos productores, generan más empleo directo e indirecto y completa toda la cadena productiva", alegó Benítez.
Dado algunos de los tantos imperativos divergentes, es importante analizar y dejar a conclusión personal. Mientras algún sector alega que empresas multinacionales de los transgénicos son capaces de imponer sus intereses económicos a cualquier precio, otros sostienen que estos hallazgos científicos, son beneficios que están disponibles para las poblaciones pobres y vulnerables que permiten mejorar sus estándares de vida, su salud, y proteger sus ambientes.
