22 de Enero de 2016 11:55

 

De segundas oportunidades

Por Juan Cálcena Ramírez

El estigma que queda tras estar preso es una mancha que la sociedad no olvida de buenas a primeras. Juzgar es inherente a quien no pasó por el proceso, a quien no cayó; pero hay personas que demuestran lo contrario: que sí se puede.

La cárcel de Tacumbú alberga a casi 4.000 presos, es decir, más de mil personas de lo que permite su capacidad real. Y allí es un mundo dentro de otro mundo. Al menos eso es lo que dice José Dolores Ramírez, un hombre de 35 años que vivió allí cuatro años y seis meses procesado por un caso de supuesto robo y homicidio. Él sostiene que fue y es inocente del caso en el que se le implicó. Formó parte de los cientos que tienen prisión preventiva y que pasan años tras las rejas por culpa de un ineficiente, corrupto y farragoso sistema judicial que solo ofrece rapidez a quien puede pagarla como a la leche o a la carne en los supermercados.

Con su nombre de telenovela, José Dolores ensambla góndolas. Antes no sabía cómo hacerlo pero aprendió rápido. El 24 de enero –dentro de dos días– hará un año que es libre y tras dejar la reclusión consiguió un trabajo que le ofreció el capellán de Tacumbú, Luis Arias, y el empresario supermercadista Tomás Dávalos. “Todo eso armé yo”, dice Dolores y apunta con el dedo a filas de góndolas verdes y blancas. Los pasillos de la galería San Vicente hoy están vacíos, pero dentro de dos semanas estarán llenos, cuando se inaugure.

“Antes de irme allá (a Tacumbú) era carpintero de obras (…) Después de salir de allá nadie te quiere dar trabajo, te desprecian, pues. Sinceramente te desprecian. Yo estuve haciendo mi rehabilitación allí dos años y me hizo bien. Después de eso vine, me dieron una oportunidad. Estuve por un supuesto robo y homicidio, que fue en el 2009. Salí sin culpa ni pena, soy inocente. Estuve cuatro años y seis meses. A mí hasta me clavaron los guardias por pedirme plata. De ahí saqué una buena experiencia porque injustamente me fui, pero a los cuatro años seis meses me dieron mi libertad. En el penal trabajé con los muchachos en rehabilitación, ayudando a los enfermos. Es una ciudad dentro de una ciudad. Ahí tenés que callarte y si no te querés callar, tenés que tener un buen respaldo afuera. Muchas cosas todavía faltan cambiar en ese penal y creo que no se va a cambiar. Muchas personas perdieron la vida allí y nunca salió a la luz, porque somos reos, es como si fuera que no somos nada. No existimos en el mundo. Somos como todos, como ustedes. Yo me fui sin culpa por una persona inescrupulosa que quería hacer daño a mi familia. ¿Y ahora quién me paga todo? Pero Dios es grande, y yo salí con un empleo en mano. Y no voy a desperdiciar esta posibilidad. Nunca me junté ni me junto. No voy a hacer una estupidez”, detalla Ramírez, casi como en un confesionario.

José Dolores Ramírez, con sus herramientas de trabajo. 

Cincuenta, cincuenta. Mitad, mitad. Así describe el exrecluso las ganas de cambiar de los presos de Tacumbú. “Vi personas que salieron y que volvieron a entrar. Y muchas de ellas salieron con la intención de buscar trabajo, pero volvían. Me decían que no había trabajo, que no había vida afuera. Hay quien no quiere rehabilitarse: vamos a ponerle ‘50/50’”, opina.

Y sin rencores. Así se siente Dolores Ramírez después de estar en la cárcel por casi cinco años y tras perder lo que él dice “casi una vida”. “Todo depende de vos allí, yo nunca me metí en la droga, lastimosamente me fui a parar allí. Vi muchas cosas buenas, muchas cosas malas. Además, tenía que rebuscarme yo mismo allí para comer y para sustentar a mi familia. Estoy en concubinato, tengo un hijastro, vivo en alquiler. Ahora voy a cumplir 35 años y me fui a los 28 años. Perdí una vida allí, pero yo no soy una persona rencorosa. Dios va a darles su castigo”.

DE 22, SOLO OCHO

La lista de indultados por el presidente Horacio Cartes en 2015 se anunció el pasado 6 de enero. Eran 22 mujeres y un varón. Las 22 tenían un trabajo asegurado en el mismo supermercado El Pueblo, de Tomás Dávalos. De ellas quedan ocho. Solo ocho. Muchas decidieron no seguir con el programa por cuestiones personales, pero el empresario dijo que las puertas siguen abiertas para ellas.

Y las ocho que quedan se sientan en una mesa en compañía de la hija de Dávalos, Patricia, quien escucha sus problemas y sus vidas desde mucho antes para guiarlas en el proceso de reinserción. Hoy, las ocho tienen uniformes del supermercado y trabajan rotando en diferentes secciones del complejo que está ubicado en Lambaré.

“Salimos (de la cárcel) el 6 de enero y el 11 vinimos. Ahora estamos trabajando rotativamente, ahora por ejemplo yo estoy en Perfumería. Yo estuve tres años y dos meses. Nadie sabía (que iban a ser indultadas). Hubo un seguimiento de seis meses, de acuerdo a eso se iba calificando a las personas para cambiar de vida”. La que habla es Felicia Ruiz Díaz, una de las 22 indultadas y una de las ocho que se quedaron. Sobre las ocho se recuesta el peso de la esperanza de las que se quedaron atrás. Si el proceso de reinserción falla, serán menos las indultadas y serán menos quienes tengan trabajo.

De izquierda a derecha: Yeny Villalba Ramírez, Rossana Pereira Saldívar, Telma Carina Cabrera, Felicia Ruiz Díaz, Julia Vera, Carmen Villar, Ángela Pérez y  Josefina Solabarrieta.

“Nosotras nos comprometemos a no defraudarles, a no volver a delinquir. De las personas que no están, nos comprometemos. Todo depende de nosotras, es un compromiso. Nosotros seguimos en contacto con nuestras compañeras (del Buen Pastor). Están contentas y con la esperanza de salir. Nosotras somos su esperanza. Para el 24 de setiembre está previsto un indulto, por el Día de las Mercedes”, afirma Julia Vera, quien dio a luz a una niña que hoy tiene un año y cinco meses y que estuvo presa con su mamá, que también tenía la oferta de trabajo pero decidió quedarse en casa para cuidar a su nieta.

En la mesa están sentadas Yeny Villalba Ramírez, Rossana Pereira Saldívar, Telma Carina Cabrera Solís, Carmen Villar, Ángela Pérez, Josefina Solabarrieta, Felicia Ruiz Díaz y Julia Vera. Ellas agradecen a la Dra. Alba Cardozo, de la Pastoral Social del Buen Pastor, a la directora del penal Ana Dina Coronel y a su empleador, Tomás Dávalos. Una nueva vida ha comenzado.


Primera parte: Cuestión de fe y esperanza

 

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