En muchos hospitales, los parientes de los internados deben pasar una situación que no es deseable para nadie, aunque ese tipo de situaciones se pueden hacer un poco más llevaderas con un tanto de empatía.
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Por ejemplo, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y del Ambiente (Ineram) convirtió por momentos sus pasillos en una gran mesa familiar donde se compartieron 110 platos de comida entre los familiares de los internados.

Con un pollo relleno, la infaltable sopa paraguaya, una ensalada de arroz y gaseosas se intentó llenar los estómagos tanto de familiares de internados como del propio personal del hospital. Un grupo de parientes de los internados devolvió el gesto con cantos.
Año tras años, las hermanas religiosas Del Huerto, junto con un grupo de laicos, realizan esta actividad. Una empresa gastronómica también donó pan dulce, otra tradición infaltable en estas fechas.
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Mientras muchos en sus casas preparaban los festejos, un grupo de indígenas -principalmente niños- que desde hace varias semanas están apostados en la plaza Uruguaya se contentaba con compartir alrededor de una canilla.
