Como miles de mujeres, el jueves 8 de marzo, Celeste Sakoda decidió unirse a la manifestación feminista convocada en el centro de Asunción. Allá fue con una amiga, y decidió dejar su automóvil estacionado en la calle Rodríguez de Francia, entre 14 de Mayo y 15 de Agosto. Se bajó del auto y con el corazón a borbotones se unió a las proclamas de igualdad. Ella misma lo describe así en su cuenta de Facebook: “Muchas emociones, encuentros, disfruté”.
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Cuando la fiesta acabó, cerca de las 22:00, regresó al lugar donde había estacionado su auto y no lo encontró. “Casi me da un infarto, lo busco, lo busco y no lo encuentro. Tengo 58 años y es mi primer auto 0 km. Lo compré en diciembre del 2016 a cuotas que todavía ni terminé de pagar. Me falta un año y medio de cuotas”, agrega.
Desesperada, Celeste, que es directora del Denide y fue defensora vecinal de Asunción, llamó a la Policía Municipal de Tránsito por si una grúa se lo había llevado, pero no; nadie sabía dónde estaba.
Ya resignada, fue hasta la Comisaría Tercera (de triste fama durante la dictadura stronista) a realizar su denuncia porque, evidentemente –concluyó– le habían robado su vehículo. “Fue la primera vez que pisé esa comisaría. Debo confesar que me entra un pánico cuando me hablan de la comisaría Tercera”, admitió en contacto con ABC Digital.
La primera sorpresa estaba por ocurrir: la recibieron con extrema amabilidad y calma. Primero la atendió una oficial, quien luego de tomarle los datos básicos, llamó a otro policía, quien le consultó los detalles específicos.
“Al concluir con los datos, me dice: Señora, personal de esta Comisaría encontró un auto con esas características en la vía pública y con la llave en la puerta. Lo hemos resguardado hasta las 19:45 y, como nadie apareció a reclamar lo trajimos a la institución. El auto se encuentra en el patio; tenemos un acta con todas las pertenencias que se encontraban dentro. Por favor, vayamos a verificar”, contó.
Allí se le cayeron las fichas: la emoción le había jugado una mala pasada. Impulsada por la fuerza feminista que a esas horas daba la vuelta al mundo, se había bajado del auto y sumado a la marcha. En el medio se olvidó de llevarse consigo su llave.
Tuvo la inmensa fortuna de que ningún ladrón –profesional o de ocasión– se llevara su auto y de que lo encontraran policías honestos y eficientes. ¿Acaso se puede dudar de las características milagrosas del hecho?
El alivio que sintió Sakoda al oír que su auto estaba a buen resguardo fue indescriptible: “Sentí que el alma me volvía al cuerpo”. Si bien no tenía dentro del auto cosas de valor, la mujer relató que todas sus pertenencias estaban detalladas en el acta, hasta una sombrilla y dos billetes de baja denominación, lo cual la sorprendió gratamente.
Finalmente, le entregaron su auto con todas sus pertenencias intactas. La mujer resaltó el trabajo de la Policía Nacional, la amabilidad con la que le atendieron, porque hasta le ofrecieron un vaso de agua para que se calmara. “Yo jamás lo hubiera creído”, concluyó.
Desde la comisaría informaron que los agentes intervinientes en este caso fueron el oficial segundo Gerardo Torales y suboficial primero Richard Agüero.
