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El Departamento de Identificaciones demora entre 20 y 25 días para entregar una cédula o un pasaporte. ¡Qué época aquella en la que el comisario Yubi era jefe de Identificaciones, y en la que tanto la cédula como el pasaporte eran entregados, si no en el mismo día, al día siguiente!
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Imagínese usted, amable lector de esta columna, la gente que viene del interior a hacer cola por horas, y debe regresar a su valle con la esperanza de que su cédula o pasaporte esté listo algún día.
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Si hace 25 años el comisario Yubi pudo hacer funcionar Identificaciones como lo hizo y si quienes le sucedieron hasta hoy no han podido hacer lo mismo o mejor, es porque son unos buches.
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En nuestro país, amable lector, hay familias enteras que por generaciones están prendidas de las tetas del Estado, viviendo de arriba; son unos perfectos haraganes.
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Efectivamente, la novela comienza con el papá que tuvo la suerte de ser general del ejército de la dictadura de Stroessner o ministro, o senador, o diputado.
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Desde ese cargo, el creador de la dinastía, al mejor estilo del hampa, se embucha todo el dinero que puede mientras le dura el carnaval.
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Si este dura varias décadas, entonces ya entran en función los herederos de la teta, y el politiquito (el hijo del politicastro) con los dientes bien afilados por el padre y merced a su presión política, comienza por obtener un puesto de concejal, intendente o diputadillo y a traficar influencias, coimear o robar todo lo que esté a mano, desde un kilo de galleta a la intendencia de la Policía, a una suculenta coima para la habilitación de una estación de servicio, o su voto para cualquiera que esté dispuesto a pagar por él.
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Así, dinastías de los políticos criollos se traspasan de cargo en cargo, engullendo cuanto puedan, robando a mansalva y, por su insensatez de ignorantes, mantienen al país en la miseria que hoy nos agobia.
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Si no fuera por eso, ¿cómo podemos explicar que en el Paraguay, con 300 km de ancho, puedan existir tantos analfabetos limpiando vidrios o vendiendo frutas y baratijas en las esquinas de Asunción?
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Le pedimos al ministro de Obras Públicas y Comunicaciones que circule con su auto alrededor de las obras del viaducto de Madame Lynch y Autopista para que se les rompan sus amortiguadores como nos ocurre a nosotros. ¡Va a sentir vergüenza!
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¡Una vergüenza! Ayer cerraron la avenida Sudamericana, cercana al Hotel Bourbon. ¿Con qué derecho? Encima que el tráfico es caótico en la zona.
