Con el resultado de la votación en Senadores sobre la enmienda, además del propio Cartes, los más pichados deben ser los tres o cinco senadores que no tuvieron tiempo de ser “visitados” por los mochileros (usar maletines ya es del viejazo) mientras que los más felices deben ser los ministros Enrique Riera y Gustavo Leite, por el cartismo, y Marito Abdo Benítez, por la vereda de enfrente.
Efraín Alegre no puede aún disfrutar abiertamente porque su probable aliado, el expresidente Fernando Lugo sigue aún en carrera hasta que le digan siga o sígapy a su fórmula de buscar la reelección por el lado de la certeza constitucional; es decir, atenido al texto explícito de “el presidente y el vice...” no pueden ser reelectos. Como él ya no es presidente, dice que no le afecta este artículo de la CN.
Cartes como buen conocedor de las necesidades humanas, pero según dicen conoce mejor aún sus debilidades, creyó que ya lo tenía todo bajo control, pero se olvidó de que en política “el cojo sentado” puede levantarse y el “ciego durmiendo” puede despertarse. Así fue que como para algunos es solo cuestión de billetera, para otros es solo cuestión de votos. En esta oportunidad, ganaron los últimos que prefirieron no llegar a ver el bulto de la mochila... por las dudas.
Lo que divierte de todo esto es constatar la validez de algunos principios, por encima de todas las miserias que sabemos existen en el submundo poliltiquillo de la elite corrupta.
Uno, que si bien continúan existiendo los poderosos iluminados que solamente ellos pueden arreglar el entuerto y a quienes balan en coro de manada la consigna de exigir el continuismo, la democracia contempla mecanismos preventivos para evitar que el interés de una persona y su grupo se convierta en poder constituido y legitimado.
Dos, que el sistema de partido único en el poder sea sustituido por un sistema de pluralismo capaz de formar un frente aunque sea pasajero como contrapeso para frenar una tendencia, una corriente empeñada en “usar el poder a cualquier costo” para avasallar y pisotear los consensos concretados y no desarmados aún por procedimientos legales.
Tres, que el sistema bicameral se sigue justificando a pesar del generalizado rechazo actual al bastardeado uso que hacen nuestros parlamentarios del mandato de representación. Si dependiéramos de una sola cámara, la vulnerabilidad de uno de los poderes políticos del gobierno estaría aún más expuesto a las extralimitaciones “democráticas” del Ejecutivo.
Estamos de acuerdo en que individualmente los parlamentarios no son los más indicados desde el punto de vista moral para señalar a nadie con el dedo, pero es alentador que un cuerpo político se dé cuenta cuando alguien de la elite (aunque sea ubicado en otro establo) pretende excederse y actúa en consecuencia, arrojando un resultado que POR AHORA también pueda leerse como un rechazo al ventajismo y al dinero fácil.
Sin embargo, sospecho que este resultado es apenas un rechazo momentáneo a la enmienda que desde luego no implica rechazo a la reelección. Y, puedo equivocarme, pero creo que esta vez la búsqueda de la reelección viene con una potencia más elevada que las anteriores y buscará atropellar cálculos y presupuestos dados como definitivos. Aún faltan probar la certeza constitucional y la reforma... y por qué no –otra vez– la enmienda.
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