Alma guaraní

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Todo en esta vida nos deja una lección cuando queremos y sabemos tomarla. Para algunos, el caso de la conductora de radio y tevé Carmiña Masi fue una pavada más para rellenar noticias, para otros mereció una apología al guaraní, otros no dijeron nada pero se indignaron, otros se identificaron: mitad porque cada uno es libre para expresar lo que quiere y mitad porque piensan lo mismo que ella. En fin, variedad de emociones, reacciones, comentarios, reflexiones.

La mujer había recalcado su rechazo hacia el idioma guaraní, sugiriendo a los “chicos que se lo metan en el c…”, algo, por cierto, ofensivo y completamente infructuoso para el fin de la comunicación integradora. Algunos también la tildaron de “astuta”, “hace nomás un personaje y los idiotas se lo creen”, etc., aprovechando la situación para engordar un currículum mediático.

Hay límites que son tan obvios y necesarios como el agua pura de antaño, que aunque ya no se respeta, es lo que debe ser.

Carmiña tocó nada menos que el alma de la identidad nacional y por eso fue duramente criticada en las redes sociales.

La difundida creencia de que el idioma guaraní entorpece o retrasa el aprendizaje es equívoco –o cierto solo cuando consideremos ¿el aprendizaje al servicio de qué y de quiénes?–. Pero la gran razón del atraso cultural y educativo que sufrimos desde siempre es el complejo sentido hacia las propias raíces. El idioma guaraní es medular, y un comunicador que maneja la lengua nativa es capaz de comprender los pensamientos y sentimientos de millones de paraguayos que no saben expresarse en castellano. Esta verdad existe, no se la puede negar ni tampoco es para avergonzarse. Saliendo un poco de Asunción o del cinturón céntrico hay clases vivenciales y gratuitas en los asentamientos de los damnificados, donde un grueso de las familias hablan netamente en guaraní.

No está de más decir que este idioma estéticamente utilizado (poesía, cuentos) es expresión tan fidedigna de interioridad personal como reveladora de nuestra historia social. El idioma que Carmiña y tantos otros mandan meter donde no da el sol es el eje de nuestra cultura. Qué tonto y suicida sería anularlo.

Desdramatizando, es decir, viendo lo bueno, el asunto reciente hizo que la Secretaría de Políticas Lingüísticas se planteara el objetivo de conseguir que se pene cualquier discriminación contra el idioma, admitiendo que hasta ahora solo es un ente de concienciación. No vendrían mal un combo de medidas correctoras, por ejemplo una disculpa pública, una pasantía en las escuelitas del Bañado, clase y examen de historia para quien cometa la falta de respeto. Enriqueceríamos la educación cívica, formando un multiplicador más para la convivencia.

Tampoco el avance de la cultura foránea de manera tan prepotente, el consumismo como principal alterador, es un punto menor. Bien haríamos en pensar lo que vivimos en nuestra sociedad: el rechazo no solo hacia el guaraní, también a los rasgos físicos: el color del pelo, la constitución, la estatura, la forma de los ojos, etc. El trastorno de la negación del mestizaje crece, como si reconocer nuestra parte india significara ser menos o cerrarnos a otras culturas. En fin, apasionante y necesario tema para la charla continua y el reconocimiento. Ojalá, de a poco, vayamos todos, especialmente los comunicadores masivos, abriendo surcos con menos brutalidad y más profesionalismo.

lperalta@abc.com.py