Buitres a la vista

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Respetable la opinión del abogado Benigno López sobre los bonos soberanos, no por ser presidente del IPS, sino por haber “participado directamente –como él mismo lo afirma– en todas las emisiones de deudas del Paraguay, desde el año 1999 hasta la fecha, incluyendo la que está en trámite, asesorando al Ministerio de Hacienda en el desarrollo y construcción de la relación jurídica y financiera con los bancos que actúan como underwriter (asegurador) de Paraguay”.

El mismo sostiene que para esta emisión soberana, Paraguay “tiene un presupuesto aprobado por mandato constitucional y legal, el cual contempla autorizaciones legales expresas y suficientes para emitir deuda en los mercados internacionales”. ABC http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/los-bonos-estan-debidamente-respaldados-por-las-normas-legales-1567827.html.

Es la postura del oficialismo, desde el presidente Cartes, pasando por el ministro de Hacienda, hasta todos los diputados y operadores que reciben las instrucciones de la oficina del “Ministerio de la Verdad” de repetir las consignas. De todos ellos, tal vez el Dr. López sea quien más sabe, pero carece totalmente de libertad para opinar con propiedad.

Pero hay también otras opiniones muy respetables, como la del también abogado y máster en leyes Theodore Stimson, quien sostiene que no es posible que un veto del Ejecutivo –accidentalmente convertido en ley para una discutida reconversión tácita del presupuesto– secuestre la atribución constitucional del Congreso de aprobar empréstitos, atribución independiente de la de aprobar el presupuesto. ¿Por qué esto es así? porque aprobar préstamos públicos y externos es un acto de soberanía, no un simple contrato.

Pero antes que perdernos en artículos e incisos de leyes que rigen al respecto, es necesario como ciudadanos tener en claro por qué el Ejecutivo elude al Congreso (único poder con atribuciones para préstamos) para endeudar más al país. Primero, porque sabe que en el Poder Legislativo encontrará más que obstáculos, límites, y segundo, porque está en los umbrales de una línea populista de gobernar con miras a un eventual segundo período, en el cual necesitará recurrir a este método para conservar el poder, a pesar de todo y en especial a costillas de la economía.

También deberíamos aprender de la (mala) experiencia de otros países. En ese sentido nada mejor que de la Argentina, donde el gobierno expidió mayor cantidad de bonos del que estuvo en condiciones de pagar. Un día comunicó a todos los prestamistas o compradores de bonos que no podía pagar los montos contratados y comenzaron las negociaciones que finalmente concluyeron en lo que ya estaba calculado: el gobierno no podía pagar sino menos de la mitad de lo que había prestado (canje de deuda).

Al percatarse de la mala situación económica del país, la mayoría de los prestamistas decidió aceptar el ofrecimiento, pero un pequeño porcentaje dijo que no, que quería que se le devolviera el 100%, momento en que surgen los llamados “fondos buitre”: entidades financieras que compran bonos difíciles de cobrar con la esperanza de ganar.

Estos fondos fijan generalmente como lugar de resolución de conflictos la justicia de Nueva York porque mundialmente se confía en que ella es independiente. Los fondos entregados a los buitres fueron efectivamente a parar a Nueva York y ganaron los juicios a la Argentina. Desde aquí se escucharon los gritos populistas: “no pagaremos la deuda a los buitres”, pero muy pronto tal vez lo escuchemos aquí mismo, seguro de las mismas personas que hoy hablan de la absoluta legalidad de los fondos soberanos a ser contratados gracias a un frágil veto del Ejecutivo pasando por encima del Congreso.

Cuando escuchen la palabra déficit, no se olviden; recuerden la palabra buitre y aprieten los bolsillos.

ebritez@abc.com.py