Cuando la enfermedad está en el remedio

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Hace mucho tiempo que preocupa nacional e internacionalmente la situación de la educación en el Paraguay. Estamos muy mal según los indicadores internacionales. La crisis existe y es necesario que salgamos de ella por el camino correcto; si no, sus consecuencias afectarán negativamente a varias generaciones. Existe una especial preocupación por la Educación Superior. En este nivel están las universidades e institutos superiores como los de Formación Docente, etc.

La proliferación de universidades, carreras, facultades, sin condiciones mínimas para su funcionamiento, dan la sensación de que estamos ante una generalizada estafa antes que un esfuerzo por proveer de conocimientos.

Es aún más preocupante cuando leemos: “Ministerio de Educación (MEC) busca agilizar acreditación de la Educación Superior”. “98 % no fueron evaluadas”. “Acelerar la acreditación de 1.600 carreras que están vigentes”. “No se puede exigir los mismos requerimientos a una carrera que se imparte en Asunción como a una que se dicta en Curuguaty”.

Es al revés. Las oportunidades para nuestros jóvenes está en cumplir los estándares exigidos internacionalmente para que sean acreditados en cualquier país. Debemos acercarnos por lo menos al Mercosur. A la gente de Curuguaty no se les beneficia, sino que se los condena, si no egresan de universidades e institutos con estándares internacionales. Nadie es tan tonto para recurrir o emplear a alguien porque tiene un título, se los evaluará según sus conocimientos. Un título expedido por una universidad con mala fama lo único que hace es desacreditar a sus egresados.

Pero la crisis es más extensa, afecta a todos los niveles y afecta nuestra vida cotidiana.

Cuando tres enfermeras pasan frente a una persona que se desvanece en los pasillos del IPS y no se acercan a prestar ayuda, cuando en un hospital un médico no acude a una emergencia porque no es su turno, cuando un militar se escuda en la orden del Presidente a sabiendas de que está violando la Constitución y la ley, cuando la Policía presencia sin inmutarse la comisión de una agresión o un delito, cuando la mentira es admisible como argumento y los jueces la utilizan, cuando deshonrar un juramento no tiene consecuencias y se las justifica social y políticamente, etc., y todo se hace a la luz pública, y todos lo sabemos y nada hacemos, tenemos sin lugar a dudas una sociedad enferma con un grave problema de educación.

El problema no es solo de competencias, de habilidades, no es solo que no sepan lo suficiente de ciencia, técnica o arte. Es mucho peor; es de valores que permiten la convivencia civilizada y fructífera. La receta para esta enfermedad letal, que en nuestro país pasó de grave a crítica, es EDUCACIÓN.

PRECISIÓN NECESARIA

Cuando hablamos de Educar, significamos: Dirigir, encaminar, doctrinar. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc. (Maestro es esto último, el que enseña con el ejemplo). Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía.

También, para mejor comprensión: La educación (del latín educere “sacar, extraer” o educare “formar, instruir”) puede definirse como:

* El proceso multidireccional mediante el cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. La educación no solo se produce a través de la palabra, pues está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes.

* El proceso de vinculación y conciencia cultural, moral y conductual. Así, a través de la educación, las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo de generaciones anteriores, creando además otros nuevos.

Una buena educación es la mejor base y garantía para el desarrollo y bienestar de los pueblos. En nuestro país hablamos del valor de la educación, pero muy pocos nos comprometemos de verdad con ella.

Existe una responsabilidad mayor en las autoridades que tienen la obligación política de dirigir, orientar y administrar la educación pública. Es el Presidente de la República y el ministro de Educación los que definen el rumbo, las características y las perspectivas del sistema educativo. De ellos depende su calidad.

Hoy es inocultable la incompetencia de algunas de las principales autoridades del Ministerio de Educación. Esto hace el mal incurable porque la enfermedad está en el remedio.

Próxima entrega: Causa y Antecedentes .