La acción promovida por el Partido Colorado la semana pasada contra la candidatura de Fernando Lugo posiblemente será dictaminada en los términos que los oficialismos liberal y colorado (que casualmente manejan el TSJE), esperan. Es decir, dirán que el exobispo está imposibilitado de ser candidato en 2018. La Corte Suprema, cuando le toque, casi con seguridad respaldará la misma postura.
La posibilidad de que el Poder Judicial habilite a todos los expresidentes a ser candidatos, como sueñan algunos, implicaría un “vale todo” que, finalmente, a nadie le va a convenir.
Así las cosas, es muy posible que comencemos el 2017 con la promoción de candidatos del oficialismo y la oposición que no serán justamente quienes figuran en posiciones preferenciales en las encuestas y que, tal vez, ni siquiera tengan arrastre o consenso mayoritario en sus partidos.
Esta situación se hace muy visible en el cartismo donde, sin disimulo, se empieza ahora a hablar de candidatos y algunos referentes lanzan nombres de posibles sucesores de HC que, evidentemente, están lejos de ser “líderes naturales”, pero podrían ser digitados.
En la disidencia colorada hay, por ahora, un único candidato, cuyo mérito principal es, sin tener un gran liderazgo, haber aprovechado las circunstancias y tomado la posta de la disidencia interna al cartismo que casi nadie se animaba a tomar. De esa manera, se benefició con los votos del anticartismo en general que, desde entonces, fueron creciendo, en la medida que fue y va aumentando la imagen negativa del Gobierno.
A Cartes le está ocurriendo lo mismo que le pasara a Nicanor Duarte Frutos quien, en forma tardía durante su gestión, gastó tiempo y esfuerzo procurando instalar su reelección y luego le quedó poco margen para señalar a una sucesora que debió cargar con su impopularidad.
No habría que descartar que el disidente Abdo Benítez termine siendo el candidato oficial apoyado también por Cartes, en un giro tal vez poco creíble para el sentido común y en términos de ética política (?), pero secretamente anhelado por algunos o varios integrantes del grupo de Colorado Añetete que sostienen la idea de que el Partido Colorado debe ganar a cualquier precio (literalmente hablando) y pactando con el mismo diablo, de ser ello necesario.
En la oposición, el oficialismo liberal aguarda que la Justicia Electoral y la Corte Suprema den por concluida la candidatura de Lugo y abrir así un espacio de negociación política en la que creen correr con la ventaja de la “estructura”.
El problema es que Efraín Alegre se desgastó prematuramente en su interna y deberá transpirar mucho para instalar su figura más allá de los límites partidarios. La estrategia del presidente del PLRA y de otros dirigentes de la oposición que se lanzaron y se lanzarán es, en gran medida, cabalgar sobre el rechazo al presidente, reeditando aquel eslogan exitoso: “lejos de Cartes, cerca de la gente”.
En este escenario, un tanto nebuloso, algunos sectores empresariales y profesionales piensan en una “cuarta vía” que aglutine a todos los descontentos o indignados (término importado de otros lares), alrededor de una propuesta presuntamente no atada a una ideología particular.
El planteo parece difícil de cuajar en el plazo que queda hasta las elecciones y por el hecho de basarse en algunos presupuestos fantasiosos. Sin embargo, es entendible que surjan propuestas de este tipo cuando reina la incertidumbre y el descreimiento en muchos sectores de la ciudadanía.
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